LA EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN MUNDIAL
2

Los cambios en una población, a lo largo de los siglos o los milenios, no son solo la consecuencia de la interacción de factores biológicos, naturales o ambientales que determinan el potencial reproductivo y sus controles. La intervención humana ha sido crucial en muchos episodios de la historia moderna.

Massimo Livi Bacci | OC:TL

COLAPSOS Y AUMENTOS DRÁSTICOS

«Códide Florentino» de Fray Bernardino de Sahagún. Libro XII donde se narra la epidemia de cocoliztli en la Nueva España. Biblioteca Laurenciana, Florencia. Italia. (1577) | CC0 WDL.ORG

La catástrofe demográfica en América

La llegada de los europeos al continente americano tuvo como efecto una caída considerable y a largo plazo de la población indígena, la cual alcanzó su punto más bajo entre el siglo XVII y principios del siglo XVIII. Una reciente reevaluación estima que había 43 millones de habitantes en América en 1500 a la llegada de los Conquistadores; en su nadir, la población contaba con poco más de 10 millones. Existe una controversia sobre las causas de este colapso vertiginoso, privilegiando muchas veces elementos que han constituido la esencia de la “Leyenda Negra de los Conquistadores”: crueldad y violencia de los españoles, dislocación social y económica de la sociedad tradicional, nuevas enfermedades, etc.

Había 43 millones de habitantes en América en 1500 a la llegada de los Conquistadores; para 1700 quedaban poco más de 10 millones.

El revisionismo del siglo pasado, a la vez que elevó las estimaciones iniciales de la población indígena, atribuyó también a enfermedades europeas –en particular la viruela– que llegaron a una población “virgen” y no inmunizada, la razón principal o exclusiva de la catástrofe demográfica. Sin embargo, esta catástrofe fue multicausal, y se necesitan análisis cuidadosos para evaluar, para cada área y cada sociedad, el conjunto de factores que produjo la caída o el colapso total de las poblaciones autóctonas, como en las Antillas Mayores. En cualquier caso, es un hecho que el contacto europeo desató este declive con sus inmensas consecuencias patológicas, económicas, sociales y políticas.

Litografía repesentando el anuncio de la abolición de la esclavitud de los ingleses a un pueblo africano.(1815) | CC0 BNF

La esclavitud africana

La trata transatlántica de esclavos estancó las poblaciones de África occidental al mismo tiempo que creó un nuevo componente poblacional en el continente americano. Estimaciones confiables avanzan que entre 1500 y 1865 –años de la abolición de la esclavitud– 9,5 millones de africanos fueron deportados a Estados Unidos en una escala sin precedentes en la historia.

Entre 1500 y 1865 –años de la abolición de la esclavitud– 9,5 millones de africanos fueron deportados a Estados Unidos en una escala sin precedentes en la Historia

Estos esclavos fueron los sobrevivientes de un número mucho mayor de mujeres, hombres y niños que fueron secuestrados de sus aldeas y que murieron durante el trasladado a la costa, esperando el embarque en un barco de esclavos o durante el largo viaje al Oeste. De los sobrevivientes, 1.5 millones llegaron a América antes de 1700, 5.5 millones entre 1700 y 1800, y 2.5 millones entre 1800 y 1870.

La trata de esclavos afectó específicamente a África Occidental, pero combinó sus efectos con el comercio de esclavos que involucró a un número aún mayor de africanos en dirección norte y este a lo largo de las rutas comerciales de los mercaderes árabes. Las consecuencias de estos últimos movimientos de esclavos aún no se han estudiado, pero es una opinión común que puede haber tenido efectos depresivos relevantes en la población de África del Oeste.

Una interpretación, casi paradójica, sostiene que esta sustracción forzada de recursos humanos pudo haber favorecido las condiciones de vida y las perspectivas de supervivencia de las poblaciones en la región. Sin embargo, se cree que en el siglo XVIII –momento cúspide del comercio de esclavos– las poblaciones secuestradas se encontraban en un momento de estabilidad demográfica, incluso casi de disminución, que fue agotando a los grupos de jóvenes, mayormente hombres, en plena edad reproductiva.

Escena oriental. China. (Siglo XVIII) | CAMBIASTE

China

El siglo XVIII vio el primer gran aumento de la población global en los tiempos modernos. Estimaciones recientes afirman que, en un siglo, el planeta pasó de 680 millones a 960 millones de habitantes. China y América tuvieron la tasa de crecimiento más alta –alrededor de 0,7%–, seguidos por Europa –0,4%– y el resto de Asia –0,3%–, mientras que África se estancó o disminuyó. Una documentación más rica permite tener una comprensión más clara de los mecanismos de cambios en diferentes partes del mundo.

Consideremos el caso de China cuya población se duplicó entre 1700 y 1800 y se mantuvo durante gran parte del siglo XIX. Los autores contemporáneos han subrayado la plasticidad del sistema demográfico chino, capaz de adaptarse a las limitaciones externas con diversos mecanismos. En primer lugar, cabe señalar el papel que jugó el infanticidio en la regulación, a nivel familiar, del número y la composición de género de la descendencia. El infanticidio, principalmente de niñas, tuvo una gran incidencia, llegando al 10% de los nacimientos en el linaje imperial, y mucho más en el resto de la población. La interpretación es que esta práctica fue una respuesta a las fluctuaciones de las condiciones de vida. El infanticidio selectivo y la mortalidad de las niñas sobrevivientes –a causa del abandono– infantil generaron distorsiones en el mercado matrimonial por la escasez de mujeres elegibles. Dicha escasez se agravó con la alta incidencia poliginiay con la poca frecuencia de nuevos matrimonios de las jóvenes viudas.

Los autores contemporáneos han subrayado la plasticidad del sistema demográfico chino, capaz de adaptarse a las limitaciones externas con diversos mecanismos.

El resultado fue que casi todas las mujeres se casaban muy jóvenes, mientras que los hombres se casaban sustancialmente más tarde o muchos se quedaban solteros. Este sistema de matrimonio casi universal para las mujeres se articuló en una gran variedad de formas institucionales y culturales, adaptables a diferentes circunstancias. En su mayoría, las familias vivían bajo un sistema patrilocal, pero existían también formas alternativas de tipo uxorilocal, formas de levirato, para los más pobres (cuando la viuda se casa con el hermano del difunto), poliginia para los más ricos y adopciones de niñas para ser esposas de un miembro de la familia adoptiva.

La alta proporción de mujeres casadas se equilibró con un nivel de fertilidad dentro del matrimonio más bajo que en Europa. Los intervalos entre nacimientos eran más largos y las mujeres dejaban de tener hijos relativamente jóvenes. A estos factores hay que añadir que la baja fertilidad conyugal fue propiciada también por tradiciones filosóficas y religiosas que prescribían la continencia sexual para los cónyuges.

Es un hecho notorio que, en China, la adopción tuvo una gran relevancia en el sistema familiar, pues una proporción importante de niños –hasta un 10%–, se criaban en una familia adoptiva, extendiendo a menudo las adopciones a adolescentes y adultos. Como lo escribirían Feng Wang y James Z. Lee, la combinación del control del matrimonio, la moderación matrimonial, el infanticidio y la adopción hicieron que “los individuos chinos ajustaron constantemente su comportamiento demográfico de acuerdo con las circunstancias colectivas para maximizar la utilidad colectiva».[2]

Barrio de Kabuki en Edo, la ciudad más grande del mundo a principios del siglo XVIII. Litografía de Keisai Eisen. (1820) | CC0

Japón

La dinastía Tokugawa (1603-1868), en el período previo a 1720, vio un gran aumento de las superficies de tierras cultivadas y un cambio radical en las técnicas agrícolas, transformando un sistema extensivo en un sistema intensivo. Las estructuras sociales tradicionales se modificaron y los grandes grupos familiares se dividieron, permitiendo que muchos parientes y sirvientes que, antaño, no tenían la posibilidad de casarse, pudieran establecer ahora núcleos familiares independientes.

Sin embargo, después de 1720, en la segunda mitad del período Tokugawa, el crecimiento poblacional se estancó para mantenerse en alrededor de 35 millones de habitantes en 1870. Las causas y los mecanismos de este estancamiento son objeto de considerable debate entre historiadores: existe evidencia definitiva de control intencional de la «producción» de niños, no tanto a través del retraso de los matrimonios sino mediante prácticas de aborto e infanticidio y de cierto papel «destructivo» que desempeñaron las ciudades con respecto al excedente de población rural. Edo, hoy Tokio, la ciudad más grande del mundo a principios del siglo XIX, fue clave en estas dinámicas.

Otra explicación interesante del lento crecimiento de la población japonesa al final de la dinastía Tokugawa y comienzos de la Era Meiji es que la transformación agrícola condujo a una intensificación de los métodos de cultivo. Dicha transformación mejoró las condiciones generales de la vida rural, pero también trajo consigo un aumento notable en las cargas de trabajo para los hombres y aún más para las mujeres.

Edo, hoy Tokio, la ciudad más grande del mundo a principios del siglo XIX, fue clave en estas dinámicas.

Es probable que esta tendencia haya incidido en la disminución de la fertilidad conyugal y en la reducción de la mortalidad infantil y materna, compensando algunos de los efectos demográficos favorables del desarrollo agrario a largo plazo. Sea cual sea la razón profunda del estancamiento demográfico, el hecho es que la sociedad japonesa descubrió, gradualmente, mecanismos que limitaron el crecimiento demográfico en cuanto se alcanzaron los límites de la expansión agrícola.

«Familia de campesinos en un interior», pintura de Louis Le Nain. (c.a. 1642) | CC0

Europa

Los cambios poblacionales que ocurrieron en Europa, durante el siglo XVIII, son mucho más conocidos que en otros lugares: existen censos, estadísticas vitales y muchas reconstituciones precisas de la dinámica demográfica para varias regiones. Se calcula que, en promedio, la población del continente aumentó un 55% entre 1700 y 1800, con diferencias regionales relativamente grandes: Rusia aumentó un 140%, Europa del norte y central un 60%, Francia, Italia y España un 33%.

En Europa, el matrimonio estaba en el centro de los diferentes sistemas demográficos. En casi todas las regiones, la unión marital sancionaba el derecho a reproducirse y los nacimientos fuera del matrimonio eran muy poco frecuentes. El celibato era en casi todos lados un obstáculo insuperable para tener hijos. En este sentido, el matrimonio era el regulador supremo de los nacimientos en sociedades que aún no habían descubierto y adoptado el control voluntario de la fertilidad.

Se calcula que, en promedio, la población del continente aumentó un 55% entre 1700 y 1800, con diferencias regionales relativamente grandes: Rusia aumentó un 140%, Europa del norte y central un 60%, Francia, Italia y España un 33%.

La fertilidad –es decir el número total de hijos de la mujer promedio– se veía afectada por la nupcialidad– la edad de entrada al matrimonio–. Un aumento o una disminución de dos años en la edad media al casarse se traducía en un hijo menos o un hijo más. Y en comparación con una sociedad en la que todos los adultos se casan, una sociedad con un quinto o un cuarto de adultos solteros produce entre 20%-25% menos hijos –considerando todos los factores constantes–.

La función reguladora del matrimonio operaba a través de la «modulación» de la edad de casamiento y mediante la exclusión del matrimonio de una proporción variable de hombres y mujeres. A finales del siglo XVIII, Europa estaba más o menos dividida por una línea imaginaria que iba desde San Petersburgo (Rusia) a Trieste (Italia): al oeste de la línea estaban regiones con baja nupcialidad, edad elevada del primer matrimonio –más de 24 años para las mujeres y más de 26 para los hombres– y una alta proporción de adultos solteros –generalmente más del 10%, a menudo alrededor del 20%–.

Al este, el sistema dominante consistía en un matrimonio más o menos universal, una edad promedio del primer matrimonio por debajo de los 22 años para las mujeres y 24 años para los hombres, y un porcentaje de solteros del 5%. La baja nupcialidad de Europa occidental se ha interpretado como la consecuencia de un largo proceso de adaptación maltusiana iniciado después de la Peste Negra, en un momento de auge de la densidad y de la urbanización, de escasez de la tierra y de aumento de los precios de los productos básicos.

Otros factores marcaron los sistemas demográficos europeos en el siglo XVIII: por ejemplo, gran parte de la región mediterránea y de los Balcanes estuvo plagada de episodios de malaria que afectaron también áreas menos extensas del norte y centro de Europa. La mortalidad fue significativamente mayor en esas regiones y la tasa de crecimiento natural fue más baja que en otros lugares. Las prácticas de maternidad, la lactancia prolongada, la crianza después del destete y las mejoras en la alimentación influyeron directamente en la fertilidad de las mujeres y en la mortalidad infantil, aumentando los intervalos de nacimiento y favoreciendo la supervivencia de los niños.

Estas prácticas variaron mucho de una región a otra, y sería muy complejo abordar aquí todas las variaciones, aunque su impacto en la dinámica poblacional fue notable. Por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XVIII, la mortalidad infantil en Francia fue más de cien puntos superior a la de Inglaterra (273‰ contra 165‰) develando una diferencia de 4 años en la expectativa de vida al nacer –considerando todos los factores constantes–.

PARTE 1siguientePARTE 3

[shareaholic app="share_buttons" id="18675422"]
[dot_recommends]

El autor

Cum sociis natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus. In ultrices ex urna, nec egestas nisi blandit eu. Aliquam iaculis diam odio, sed pretium purus pulvinar vitae. Quisque aliquam condimentum magna vitae commodo.