LA EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN MUNDIAL
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De aquí a 35 años, habrá 2.4 mil millones más de personas en la Tierra que alimentar, vestir y alojar; esto requerirá energía y combustible para calefacción, cocina y transporte. Este aumento ocurrirá en los países menos desarrollados, mientras que los más desarrollados verán su población mantenerse casi al mismo nivel de hoy.

Massimo Livi Bacci | OC:TL

LA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA

Vista aérea de un suburbio de la costa este de Estados Unidos. | AS

La transición demográfica en los países del Norte

A partir del siglo XVIII, el crecimiento de la población mundial experimentó una aceleración considerable: mil millones de habitantes en 1804, 2 mil millones en 1927, 3 mil millones en 1960, 4 mil millones en 1974, 5 mil millones en 1987, 6 mil millones en 1999 y 7 mil millones en 2012. La tasa de crecimiento mostró un aumento de 0,3% en el siglo XVIII, 0,5% en el siglo XIX, 0,9% en la primera mitad del siglo XX y 1,8% entre 1950 y 2000 –con un pico de más de 2% en los años 1960–. Se estima que para 2050 habrá 9 mil 700 millones de habitantes en el mundo, reflejando una nueva disminución de la tasa de crecimiento, pasando de 1.6% en la década de 1990 a 0.5% a fines de la década de 2040.

La noción de transición demográfica describe este proceso de declive de la mortalidad y la fertilidad desde los niveles altos previos al siglo XIX hasta los niveles muy bajos que prevalecen hoy en día en Europa, Estados Unidos y Asia del Este.

En términos generales, este ciclo de crecimiento debe verse como la superposición de dos ciclos diferentes: el primero corresponde al mundo occidental –Europa y Estados Unidos–, el segundo al resto del mundo. En Europa y Estados Unidos, el crecimiento demográfico comenzó con la revolución industrial, marcando una notable aceleración en el siglo XIX con una tasa de crecimiento de 1% –contra 0,35% en el resto del mundo–y fue disminuyendo en la segunda mitad del siglo XX.

La noción de transición demográfica describe este proceso de declive de la mortalidad y la fertilidad desde los niveles altos previos al siglo XIX hasta los niveles muy bajos que prevalecen hoy en día en Europa, Estados Unidos y Asia del Este. Con la revolución industrial el síndrome de pobreza de recursos y de conocimiento fue retrocediendo mientras que la elevación de los niveles de vida y de conocimiento científico hicieron decrecer la mortalidad. Al final del siglo XIX, en varios países de Europa, la esperanza de vida alcanzó los 50 años y comenzó a aumentar rápidamente en todas partes. 

Inmigrantes en un transatlántico. Fotografía de Edwin Levick. Estados Unidos. (c.a. 1906) | CC0 LOC

Podemos distinguir tres etapas superpuestas en este proceso. La primera fue un aumento de los recursos materiales per cápita, especialmente alimentos, y una disminución notable de las crisis de subsistencia y de las crisis de mortalidad que engendraban. Ello implicó una mejora de los estándares de nutrición, vestimenta, vivienda, higiene y la capacidad para resistir a las enfermedades.

La segunda fue la acumulación gradual de conocimiento sobre la transmisión microbiana a raíz del descubrimiento de la vacuna contra la viruela por Edward Jenner (1798), así como de los descubrimientos de Louis Pasteur en la década 1860 y su difusión en la educación y las políticas públicas. Todo esto permitió evitar o controlar muchas enfermedades. La tercera y última etapa (1880-1900) consistió en el desarrollo de vacunas y medicinas capaces de prevenir o curar las enfermedades más comunes.

El declive de la mortalidad hizo disminuir la fertilidad con la difusión del control voluntario de la fertilidad. A grandes rasgos, se puede decir que la reducción de la fertilidad en la revolución industrial fue una respuesta al nuevo contexto de costos y beneficios de criar hijos. El costo de tener hijos aumentó, porque con menos mortalidad –a cierto nivel de fertilidad– sobrevivían más niños por familia.

Las sociedades urbanizadas e industrializadas exigen más inversión por niño, en especial para la educación, porque contrario a lo que ocurre en sociedades rurales, las madres suelen incorporarse al sistema laboral remunerado y dejan de dedicarse en prioridad a la crianza y acompañamiento de los niños. Por otro lado, los beneficios económicos de los hijos fueron disminuyendo con la aparición de nuevas técnicas de producción, el crecimiento de los servicios y la industria que retrasaron la edad en la que los niños podían comenzar a ser una fuente de ingresos para sus familias.

A grandes rasgos, se puede decir que la reducción de la fertilidad en la revolución industrial fue una respuesta al nuevo contexto de costos y beneficios de criar hijos.

Este marco amplio nos sirve a nivel muy general, ya que muchos otros factores participan en explicar las temporalidades y la difusión geográfica del declive de la fecundidad. Los historiadores aún debaten para entender porque en Francia el declive de la fecundidad comenzó en la segunda mitad del siglo XVIII, en una sociedad rural, cien años antes que en Inglaterra donde la industrialización fue mucho más precoz. Muchos estudiosos creen que, al menos en el caso francés, los cambios en los valores familiares prevalecieron sobre las consideraciones económicas.

El siglo XX continuó la tendencia iniciada en el siglo anterior que condujo a una expectativa de vida cercana a los 80 años, a un nivel de fecundidad que no garantiza el reemplazo de la población, y a tasas de crecimiento natural cercanas a cero –al menos en Europa–. Debido a este rápido proceso de crecimiento, la contribución de Europa –incluida Rusia– y Estados Unidos en la población mundial pasó del 21% en 1750 a 23% en 1800 y 36% en 1900.

Aunque América Latina, en muchos aspectos, comparte características con las poblaciones de Asia y África, fue un receptor –como Estados Unidos– de gran parte de la emigración europea hasta la primera mitad del siglo XX y se vincula directamente con el sistema demográfico occidental. En Europa, cabe mencionar que el crecimiento de los países de la periferia, como Gran Bretaña y Rusia, fue más rápido que el de los asentamientos más antiguos, como Francia, Italia o España.

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Nueva Delhi y su zona metropolitana, la tercera metrópolis más poblada del mundo con 31 millones de habitantes. | AS

↑ Turruncún, España. Uno de los miles de pueblos que se fueron vaciando a lo largo del siglo XX. | CC-BY MIGUEL ANGEL GARCÍA

La transición demográfica en los países del Sur

El segundo ciclo de crecimiento superpuesto abarca a las poblaciones de países en vías de desarrollo de Asia, África y parte de América Latina. Los dos países más poblados del mundo, India y China, tenían en la década 1950 una expectativa de vida inferior a los 40 años y una fertilidad sin control. Patrones similares se observaron en muchos países en vías de desarrollo. En estos países, la transición demográfica comenzó a mediados del siglo XX cuando las transferencias masivas de tecnologías biomédicas –por ejemplo, nuevos medicamentos como la penicilina y la sulfamida, pesticidas como el DDT– provocaron una caída sin precedentes de la mortalidad.

La fertilidad comenzó a disminuir en la década de 1970, mientras que la tasa de crecimiento poblacional alcanzó un pico de 2,5% en la década de 1960. Esto fue más del doble del máximo alcanzado en los países desarrollados a finales del siglo XIX, y fue la consecuencia de una mayor fecundidad prevaleciente en Asia y África y de la rápida disminución de la mortalidad.

Mujer tejiendo en telar de cintura. Chiapas, México. | AS

En occidente, la edad de matrimonio fue aumentando y las altas tasas de celibato redujeron la natalidad, incluso sin el uso de prácticas de control de la fertilidad. A finales del siglo XX, la difusión de los métodos anticonceptivos disminuyó la fertilidad en todas las regiones –excepto en África subsahariana– bajando casi un punto la tasa de crecimiento con relación al máximo histórico alcanzado en la década de 1960. La transición demográfica estaba en camino.

Esto fue más del doble del máximo alcanzado en los países desarrollados a finales del siglo XIX, y fue la consecuencia de una mayor fecundidad prevaleciente en Asia y África y de la rápida disminución de la mortalidad.

Por todo esto, el volumen de población por continentes vio grandes cambios: entre 1950 y 2000, la participación de Europa en la población mundial pasó de 22% a 12%, la de Estados Unidos de 7% a 5%, la de África de 9% a 14%, la de América Latina y el Caribe de 7% a 9%, y la de Asia de 56% a 61%.

CRECIMIENTO A FUTURO

Ciudad de México. Considerada la quinta metrópolis del planeta con 21,8 millones de habitantes. | AS

2050

La relativa inercia de los cambios demográficos hace que las proyecciones poblacionales sobre una generación sean relativamente confiables, al menos a nivel mundial y regional. Las Naciones Unidas realizan proyecciones precisas y revisadas periódicamente de la evolución de la población, basándose en los cambios que se consideran más plausibles en la fertilidad y la mortalidad.

Para el período 2015-2050 se proyecta que la población mundial pasará de 7.3 mil millones a 9.7 mil millones, ganando 2.4 mil millones en 35 años.

Por ejemplo, se anticipa que la fertilidad de los países menos desarrollados continuará disminuyendo, pasando de un promedio de 2.65 hijos por mujer en 2010–2015 a 2.15 en 2045–2050 y la esperanza de vida al nacer aumentará en el mismo período de 69 a 75 años. En los países desarrollados se pronostica que habrá una recuperación leve de la fertilidad de 1.7 a 1.9 hijos por mujer y un aumento adicional de la esperanza de vida, pasando de 78 a 83 años.

Para el período 2015-2050 se proyecta que la población mundial pasará de 7.3 mil millones a 9.7 mil millones, ganando 2.4 mil millones en 35 años.  Esto significa que la misma cantidad de habitantes se agregó a la población mundial en los 29 años entre 1986 y 2015 que en los 36 años entre 1950 y 1986.

En otras palabras, de aquí a 35 años, habrá 2.4 mil millones más de personas en la Tierra que alimentar, vestir y alojar; esto requerirá energía y combustible para calefacción, cocina y transporte; se necesitarán más herramientas de trabajo, infraestructuras, productos manufacturados, materias primas; y todos usarán y consumirán más espacio. El sistema económico tendrá que hacer frente a esta demanda adicional y el medio ambiente sufrirá un impacto humano acumulado.

Los países menos desarrollados absorberán el 98% del aumento poblacional entre 2015-2050, mientras que los países más desarrollados verán su población mantenerse casi al mismo nivel. Cerca del 50% del aumento de la población mundial será absorbido por África y un 28% adicional por el subcontinente indio. En las regiones en vías de desarrollo, la población se duplicará en los países más pobres y aumentará de un cuarto en los demás.

En Europa, China y Japón, el número de habitantes comenzará a decrecer para 2050, y la población urbana aumentará en comparación con la población rural que seguirá disminuyendo. Una consecuencia importante de la disminución de la fertilidad y del aumento de la esperanza de la vida será evidente en el envejecimiento de la población: en 1950, en los países desarrollados, la proporción de la población de más de 60 años era del 12%, y pasará a 40% en 2050. En los países en desarrollo, la proporción de mayores de 60 años pasará del 6% en 1950 al 25% en 2050.

Aunque no es posible hacer proyecciones integrales, podemos afirmar con certeza que la población de las zonas costeras, más frágiles, y más densamente pobladas, tendrá un crecimiento mucho más rápido que las zonas del interior. De hecho, preocupa que el crecimiento de la población mundial acelere la intrusión en otras áreas frágiles, como los bosques pluviales.

Fuente: 1800, 1900: Gapminder; 2000, 2100: UN Population Divison; Población histórica por continente: World History Site. Cartografía: Scapetoad, D3| Max Galka

Los cambios geodemográficos serán considerables: entre 2015 y 2050, la participación de los países desarrollados en la población mundial disminuirá del 17% al 13,2% –la de Europa disminuirá aún más rápido, pasando del 10% al 7,3%–. Este crecimiento en los continentes en vías de desarrollo no será uniforme, y la participación de África en la población mundial aumentará del 16,1% al 25,5%.

Ningún país africano estaba entre los diez más poblados del mundo en 1950, pero Nigeria, República Democrática del Congo y Etiopía formarán parte de las naciones más pobladas para 2050.

En 1950, seis países desarrollados –Estados Unidos, Rusia, Japón, Alemania, Reino Unido e Italia– estaban entre los diez países más poblados del mundo. Para 2050, solo Estados Unidos seguirá en esta lista, subrayando el declive de Occidente en la geodemografía del mundo. Ningún país africano estaba entre los diez más poblados del mundo en 1950, pero Nigeria, República Democrática del Congo y Etiopía formarán parte de las naciones más pobladas para 2050. Pakistán, que ocupaba el treceavo lugar en 1950, se convertirá en el sexto, e India desplazará a China como el país más poblado.

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Pueblos pastorales. Tanzania. | AS

↑ Joven bereber. Mauritania. | AS

¿Un crecimiento sostenible?

Una clara amenaza para la sostenibilidad viene del creciente impacto ambiental de la población ligado a un mayor consumo per cápita. Tomemos los casos de Europa y de África subsahariana: mientras que en Europa la población será casi estacionaria durante el período 2015-2050, en África, la tasa de crecimiento será aproximadamente del 2% anual. Propongamos que el ingreso per cápita crecerá del 2% en Europa –una hipótesis muy optimista–y del 5% en África –algo plausible para muchos economistas–.

Dado que el impacto físico de la humanidad en la Tierra depende de la combinación entre población y riqueza económica –o ingreso o producto–, La aritmética nos dice que, en los próximos 35 años el impacto físico se duplicará en Europa y aumentará más de doce veces en África subsahariana. –suponiendo que no ocurran grandes cambios económicos–.

La aritmética nos dice que, en los próximos 35 años el impacto físico se duplicará en Europa y aumentará más de doce veces en África subsahariana.

A mayor tecnología, más opciones para desasociar el crecimiento económico de patrones insostenibles de producción y consumo. En otras palabras, los avances tecnológicos permitirían disminuir el consumo de energía y de materiales no renovables por cada unidad adicional producida o consumida. Es posible que esto suceda en Europa, donde es más fácil desmaterializar el consumo –se puede gastar un dólar adicional para comprar un libro electrónico, disfrutar de un concierto, adquirir servicios personales, etc.–. Pero será mucho más difícil llevar a cabo este proceso en África, donde cada familia gastará un dólar adicional en la compra de combustible para la calefacción, la cocina y el transporte, en herramientas metálicas para el trabajo, en comida para la nutrición, en zapatos para caminar y en todos los demás productos básicos que es imposible o casi imposible desmaterializar.

De ahí surgen dos prioridades esenciales: la primera es acelerar las transferencias tecnológicas de los países desarrollados hacia los países en vías de desarrollo, y la segunda es disminuir el ritmo de crecimiento poblacional. Haciendo un cálculo bruto, podemos suponer que una simple reducción de un punto decimal en el número de hijos por mujer en 2050 (3.1 hijos por mujer), correspondería aproximadamente a una diferencia de 35 millones de personas menos para la misma fecha.

Apoyar la disminución de la fertilidad con políticas sociales eficientes debe seguir siendo una prioridad central en el discurso del desarrollo sostenible. Por otro lado, mejorar el capital humano de la población –incluyendo el componente demográfico– sentará las bases para responder a la primera prioridad: la aceleración de las transferencias tecnológicas.

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El autor

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