LOS OLMECAS DE SAN LORENZO: EL INICIO DE LA CIVILIZACIÓN EN MESOAMÉRICA
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Las cabezas colosales parecen haber sido destinadas a una macro-escena compuesta por dos líneas de retratos monumentales que coronaron la mitad sur de la meseta. Este escenario pétreo pudo haber sido una exposición de los reyes-dioses o una evocación de los gobernantes ancestrales que, a su muerte, se habrían convertido en jugadores de pelota en el gran terreno de juego cósmico.

Dra. Ann Cyphers

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PIEDRAS VIVAS

Monumento 52 de San Lorenzo, Jaguar humanizado. Escultura zoomorfa con la representación de un jaguar con rasgos antropomorfos. Está sentado con las piernas dobladas, brazos doblados. Su rostro presenta la boca ajaguarada y abierta, ojos abiertos y nariz ancha. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)

CREADORES DE OBRAS MAESTRAS

Los artesanos olmecas alcanzaron un alto nivel de desarrollo artístico en obras de pequeña como de gran dimensión. Fueron maestros del trabajo en madera, del barro cocido, de las piedras semipreciosas y del basalto. Perfectas hachas de piedra verde, sublimes espejos de magnetita, finísimas vasijas esgrafiadas espolvoreadas con hematita, exquisitas figurillas de terracota adornadas con asfalto representando jugadores de pelota o rostros “baby face”, son algunos testimonios de su maestría. El dominio de estos materiales fue el resultado de siglos de aprendizaje y de experimentación para la fabricación de objetos utilitarios.

Entre todas estas manifestaciones artísticas sobresale la escultura en piedra de San Lorenzo por sus formas, temas y majestuoso tallado. En total, hasta hoy se han registrado 134 esculturas en San Lorenzo con un peso conjunto de unas 525 toneladas. De las tecnologías para crear objetos utilitarios se originaron las técnicas escultóricas olmecas que se implementaron para crear esculturas con la misma roca.

Las cabezas colosales y los tronos (antes nombrados altares) muestran el poder y el refinamiento de la élite y, de manera espectacular, reflejan los dos temas más importantes del arte: el gobierno y el cosmos.

Los tronos monolíticos, gigantes prismas en forma de mesa, fueron los asientos de poder de los gobernantes. Varios tronos muestran en su parte frontal un personaje sentado en la entrada de una cueva, haciendo alusión a un ancestro que emerge desde el portal del inframundo. Este ancestro legitima el poder del gobernante porque le convalida su filiación divina en la cueva de los orígenes.

La cueva seguiría siendo un concepto importante en toda Mesoamérica, una imagen poderosa que remite tanto a un ser sobrenatural como al vientre de la tierra –lugar del génesis– y a un conducto para comunicar el plano terrestre con el inframundo. En el mismo sentido, en el sitio Loma del Zapote se encontró un trono que muestra una cubierta sostenida por dos pequeños seres que recuerdan a los bacabs mayas que sostienen al mundo.

Un símbolo interesante que se encuentra en algunos de los tronos más grandes del mundo olmeca son las sogas, las cuales, además de ser un implemento importantísimo para mover los pesados cargamentos, ya sea de piedra o de mercancías, pudieron ser una alegoría para indicar lazos de parentesco o sucesión.

En mundo olmeca solamente se han hallado 17 cabezas colosales: 10 de San Lorenzo, cuatro de La Venta, dos de Tres Zapotes y una de Cobata. Estos retratos de los gobernantes muestran las facciones de hombres mayores, posiblemente resaltando sus cualidades de sabiduría. Las diferentes insignias que llevan cada uno de los cascos de las cabezas colosales pudieron indicar el nombre del personaje, como es frecuente en la iconografía y epigrafía maya.

Hay también representaciones de felinos, seres sobrenaturales que muestran características humanas y de animales, esferas, ductos, columnas y escalones. Destacan las enigmáticas figuras de personajes representados en el momento en que se transforman en animal, los jaguares y una fuente en forma de ave con motivos que evocan al agua y las nubes cargadas de lluvia.

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Monumento 9 de San Lorenzo, una fuente de piedra con forma de pato y símbolos acuáticos grabados en el torso. (Foto de Brizio Martínez)

Los escultores tenían preferencia por una piedra volcánica, el basalto, cuyo yacimiento se encuentra en las montañas Tuxtlas, a 60 km en línea recta. Al parecer los olmecas no contaban con la tecnología minera adecuada para extraer la piedra directamente del interior del flujo de basalto por lo que aprovecharon las grandes rocas de la superficie. Elaboraron los bocetos de piedra in situ para transportarlos a un lugar intermedio aún no identificado, donde se terminaban el labrado antes de llevar las esculturas a San Lorenzo.

Para facilitar el trabajo escultórico los gobernantes de San Lorenzo patrocinaron la producción de bocetos en la cantera. Alrededor del 1300 ANE, se fundó el sitio de Laguna de los Cerros como una posición de control permanente sobre la cantera de basalto y el cercano taller de Llano del Jícaro.

En San Lorenzo la élite vigiló y organizó el reciclado de grandes monumentos para crear cabezas colosales a partir de esculturas previas. En particular, algunos tronos fueron reciclados para convertirlos en cabezas colosales, lo cual indica que existió un ciclo escultórico que pudo haber coincidido con la muerte del gobernante, un hecho que atestigua el gran valor de la piedra de basalto.

Estas cabezas colosales posiblemente estaban destinadas a formar parte de una macro-escena compuesta por dos líneas de retratos colosales que coronaron la mitad sur de la meseta. Este escenario pétreo inconcluso fue una exposición histórica de los reyes-dioses o una evocación de los gobernantes ancestrales que, a su muerte, se habrían convertido en jugadores de pelota en el gran terreno de juego cósmico.

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Cabeza colosal 5 de San Lorenzo. (Foto de Brizio Martínez )

[Imagen anterior] El monumento 34 de San Lorenzo se encontraba en el almacén de esculturas en espera de ser reciclado. Muestra un jugador de pelota encuclillado que fue decapitado. Al parecer tenía brazos movibles. (Foto de Brizio Martínez)

OTROS ARTESANOS

En las terrazas de la primera capital olmeca se realizaron actividades artesanales que también fueron controladas por la élite. En un taller muy especial llevaron a cabo trabajos especializados de perforación y pulido de materiales importados. Allí se hallaron más de 100,000 artefactos prismáticos hechos del mineral ilmenita, que se usaron como soportes de un antiguo taladro, así como herramientas para pulir, brocas y desechos de trabajo. También se recuperaron evidencias de los productos perforados que estaban hechos de diversos materiales como son la piedra verde, el basalto y los minerales de hierro.

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Los artefactos prismáticos de ilmenita se utilizaron como soportes de un taladro. (Foto y dibujos de Arturo Madrid y Fernando Botas)

Los bloques de ilmenita se gastaron durante el trabajo de perforación y, cuando ya no sirvieron, se escondieron en fosas subterráneas en lugar de desecharlos. Tanto la ilmenita como la magnetita fueron minerales ferrosos muy apreciados, ya que sus cualidades físicas y químicas las hacen aptos para ser utilizados como herramientas de perforación y pulido. Además, cuando se pulieron adquirieron un brillo que les infirió connotaciones simbólicas, y con ellas se manufacturaron espejos y mosaicos, artículos muy valiosos que fueron utilizados solamente por unos pocos. Los soportes desgastados tuvieron que ser resguardados porque, al caer en las manos equivocadas, podían ser recortados para elaborar numerosos bienes de prestigio, cuya circulación incontrolada hubiera podido desmerecer su concepto y valor.

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El autor

Ann Cyphers ■ Arqueóloga e historiadora, ha vivido en México desde 1972. Investigadora titular en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, especialista del periodo Preclásico en Mesoamérica, ha realizado trabajo de campo en Veracruz y Morelos, así como en Estados Unidos. Ha sido distinguida por el INAH, el Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana, la National Geographic Society y la Universidad de Illinois. En 2018, recibió el Premio Universidad Nacional otorgado por la UNAM.