LOS OLMECAS DE SAN LORENZO: EL INICIO DE LA CIVILIZACIÓN EN MESOAMÉRICA
3

Las festividades religiosas promovieron la integración política y la cohesión social en la región, atrayendo numerosas peregrinaciones desde lugares remotos a la isla San Lorenzo. Uno de los atractivos principales de estas festividades fue la recreación ritual y cíclica de dramas míticos, como los que se asemejan con el Popol Vuh.

Dra. Ann Cyphers

⏱ Lectura 10 min.

A1_C3_F1

ABRIENDO LOS CAMINOS DE MESOAMERICA

Vista del Popocatépetl desde la cumbre del cerro Chalcatzingo, Morelos (Foto de Argan Aragon / CC-BY-SA)

LA COSTA SUR DEL GOLFO DE MÉXICO

UN MUNDO QUE SABE A AGUA

A lo largo de la historia las civilizaciones han surgido junto a los principales cursos de agua porque son las arterias naturales para la comunicación y el transporte y funcionan como barreras para la defensa. Fueron vitales para el comercio y el intercambio, ya que permitieron el transporte rápido y de bajo costo de alimentos, materias primas y productos terminados. Los asentamientos que se encuentran ventajosamente cerca de los cruces de ríos principales, islas, puertos naturales y puntos de transbordo de las redes de transporte terrestre y fluvial están más unidos con sus vecinos y tienen una mayor integración territorial. Los ríos han separado enemigos y definido territorios políticos, incluso hay leyendas que los glorifican o personifican.

Para incorporar a los pueblos cercanos y lejanos en una sola entidad política, los gobernantes de San Lorenzo usaron como estrategia el control de la ideología política, la propagación del sistema de creencias y la administración de las redes de transporte indispensables para el comercio y la comunicación regional. Probablemente su influencia se limitó a porciones de la costa del Golfo.

La noción de mandato estuvo estrechamente vinculada con el dogma religioso y fue el modelo para las relaciones sociales en todos los niveles. Desde lo alto de sus macizos tronos de basalto, los soberanos determinaron la distribución de las esculturas de piedra menores, que actuaron como lemas que transmitieron mensajes sobre el orden social y político en la región. Entablaron diferentes relaciones sociales, políticas y económicas con poblaciones específicas para iniciar y dirigir nuevas arterias de comunicación y transporte, así como asegurarse el acceso a ciertos recursos.

Los puntos clave de la jerarquía política regional se distinguieron con uno o más monumentos de piedra. San Lorenzo, junto con Tenochtitlán, El Remolino y Loma del Zapote, sus satélites contiguos a la isla, formaron el núcleo de los sistemas regionales de transporte fluvial y terrestre. Estero Rabón, uno de sus satélites periféricos, fue un importante enclave en la ruta que llevaba a la Sierra de los Tuxtlas, y Laguna de los Cerros, otro de sus centros periféricos, tuvo la misión de explotar el basalto del Cerro Cintepec.

Las festividades religiosas también promovieron la integración política y la cohesión social en la región, lo cual atrajo peregrinaciones a la isla San Lorenzo. Uno de los atractivos principales de estas festividades fue la recreación ritual y cíclica de dramas míticos o históricos a través escenas conformadas por grupos de esculturas, frecuentemente colocadas en recintos arquitectónicos.

La escena de esculturas de dos gemelos antropomorfos y dos felinos en la Acrópolis de El Azuzul, en Loma del Zapote, es un ejemplo notable de la dramatización de un antiguo mito que parece recrear al pasaje de los gemelos en el relato mítico del Popol Vuh. La composición de estas escenas y sus variantes seguramente modificaron el sentido de las esculturas individuales así como los mensajes emitidos. Las comunidades bajo la influencia de la gran capital de San Lorenzo participaron en las ceremonias regionales y, quizá, contribuyeron proporcionando sus propias esculturas de piedra para estas escenas, lo cual intensificó sus vínculos religiosos y políticos con el corazón del mundo olmeca.

LA RED DE INTERACCIÓN

En tiempos tempranos se crearon estrechas relaciones con sitios remotos de los valles del altiplano central y Centroamérica que eran contemporáneos con San Lorenzo. En ciertos lugares de estas vastas rutas de intercambio se han encontrado figurillas y vasijas con motivos olmecas confeccionadas localmente, pero en ninguno se imitó la talla de monumentos.

Muchos residentes de la sociedad de San Lorenzo participaron en las redes de intercambio y en el comercio de materiales locales y foráneos. A través de las redes de comunicación e intercambio se entablaron relaciones con sitios distantes como son San José Mogote en Oaxaca; Paso de la Amada en Chiapas; Tlatilco y Zohapilco en el Estado de México. Este intercambio formó una red compleja en la cual se movilizaron diferentes clases de bienes utilitarios y suntuarios. Por desgracia, hay pocas evidencias de productos preciados pero perecederos, como plumas multicolores, pieles de animales, artículos de madera, hueso y concha, plantas y animales vivos, flores, frutas, especias y sustancias medicinales, como el azufre, entre otros.

En esencia, se puede decir que San Lorenzo se comunicó con toda la Mesoamérica de su tiempo. En la red comercial se incorporaron productos como cacao, basalto, hule, espejos de mineral de hierro, mosaicos, herramientas, mica, piedra verde, tambores  hechos con caparazón de tortuga, espinas de mantarraya, trompetas hechas con caracol marino y vasijas decoradas con símbolos olmecas. El intercambio de la obsidiana para hacer herramientas cortantes alcanzó lugares lejanos en Puebla, Michoacán, Veracruz y Guatemala, mientras que la ilmenita y magnetita venían de Oaxaca. El tráfico de bienes de prestigio contribuyó a la comunicación entre las élites que estaban surgiendo en las distintas regiones. A través del intercambio de estos valiosos recursos se afianzaron alianzas y lealtades, las que ayudaron a centralizar el poder, a mantener los privilegios de los poderosos y a homologar los gustos de las élites.

En los puntos estratégicos para las comunicaciones interregionales es donde se han encontrado más elementos olmecas provenientes de San Lorenzo, pero en ninguno se imitó la talla de monumentos. Las comunidades de Tlatilco, y Tlapacoya, en el Estado de México, por haber sido la primera un paso hacia el Occidente y la segunda una entrada al valle de México, presentan gran cantidad de elementos que son similares a los bienes de la costa sur del Golfo como, por ejemplo, las figurillas y las vasijas confeccionadas localmente con motivos olmecas. En San José Mogote, Oaxaca, donde se concentró la materia prima de la región para la hechura de espejos, se han encontrado también gran cantidad de cerámica local con motivos olmecas. Lo mismo sucede con sitios del Soconusco, en la costa del Pacífico, región del cacao y paso hacia las fuentes de obsidiana y piedra verde de Guatemala.

PARTE 2siguientePARTE 4

[shareaholic app="share_buttons" id="18675422"]
[dot_recommends]

El autor

Ann Cyphers ■ Arqueóloga e historiadora, ha vivido en México desde 1972. Investigadora titular en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, especialista del periodo Preclásico en Mesoamérica, ha realizado trabajo de campo en Veracruz y Morelos, así como en Estados Unidos. Ha sido distinguida por el INAH, el Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana, la National Geographic Society y la Universidad de Illinois. En 2018, recibió el Premio Universidad Nacional otorgado por la UNAM.