LOS OLMECAS DE SAN LORENZO: EL INICIO DE LA CIVILIZACIÓN EN MESOAMÉRICA

Una ciudad en una isla en las amplias llanuras del río Coatzacoalcos. Mundo de agua, de canoas y de ofrendas. Pueblo de piedra y de viejos mitos. Hombres y jaguares. En San Lorenzo brotó una chispa, la chispa de la civilización en Mesoamérica.

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LAS RAÍCES

Vista de la gran meseta de San Lorenzo desde el lado norte en 1992. Tiene una altura de 65 metros sobre el nivel del mar. (Foto de Ann Cyphers)

[Imagen anterior] Cabeza colosal 1, San Lorenzo, “El Rey”. Museo de Antropología de Xalapa. (Foto de Olmec / CC-BY-SA)

Después del 2000 ANE, la vida de las comunidades aldeanas de Mesoamérica se transformó, un cambio sin vuelta atrás que implicó la creación de transformaciones a una velocidad vertiginosa. A partir de estas poblaciones con una cultura material básicamente utilitaria, empezaron a surgir asentamientos más grandes y urbanizados, arquitectura y escultura monumental, y el uso de objetos suntuarios provenientes de lejanas regiones. A más tardar, cerca del 1600 ANE, comenzaron a definirse las características más destacadas de la primera civilización de Mesoamérica.

El lugar clave desde donde se originaron estos cambios se encuentra en el sur de Veracruz, en el sitio de San Lorenzo, la primera capital de la cultura olmeca. Después de su decadencia alrededor del 1000 ANE, el sitio de La Venta, en Tabasco, surgió como la segunda gran capital.

La identidad y el origen de los olmecas son temas polémicos. El verdadero nombre de esta cultura originaria del sur de la costa del Golfo de México no se conoce. Se tomó prestado el nombre ‘olmecas’ de un grupo cultural más reciente que habitó la misma región y que se identificaba como ‘gente del país del hule’. Se enfatizó la aplicabilidad de tal nombre a la antigua cultura arqueológica cuando se descubrieron las pelotas de hule del sitio El Manatí, ya que constató que la sociedad milenaria produjo esta inusual sustancia a partir de la savia del árbol ​Castilla elastica​. La civilización olmeca no fue producto de migraciones de gente de Asia o África o de otras áreas de Mesoamérica, sus logros son autóctonos. Las evidencias científicas señalan que su origen se remonta al periodo Arcaico en la zona norte del Istmo de Tehuantepec.

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Mapa de Mesoamérica. (Dibujo de Luis Hernández)

La región olmeca en la costa sur del Golfo de México presenta evidencias notables de esta antigua cultura, por ello los primeros estudiosos la definieron como su territorio cultural. Se distingue de sus vecinos por las extraordinarias esculturas de piedra que erigieron, las cuales, además de marcar su territorio político, señalaban sus distintivas creencias.

El aspecto físico de los habitantes, tal como se muestra en el arte, presenta algunas modas en los conceptos de belleza. Por ejemplo, en San Lorenzo se retrataron a sí mismos en la cerámica y la escultura con una específica deformación cráneo facial intencional que ocasionó una cabeza en forma de pera, boca con las comisuras hacia abajo y ojos rasgados. Esta costumbre continuó en la capital olmeca de La Venta, pero comenzaron a practicar otro estilo de deformación craneana para lograr un aspecto diferente, con una frente oblicua y la parte posterior plana.

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Selección de rostros en el arte olmeca que muestra los cambios en los conceptos de belleza a lo largo de los siglos. (Fotos y dibujos de Fernando Botas, Ann Cyphers, Hirokazu Kotegawa y Brizio Martínez)

Los habitantes de la región olmeca tuvieron un modo de vida distinto al del altiplano porque debieron adaptarse al entorno de las amplias llanuras costeras con sus vastos humedales y numerosos ríos y arroyos.

CUNA DE LA CIVILIZACIÓN

Monumento 58, San Lorenzo. Lápida en forma de prisma rectangular decorada en una de sus caras con un pez-jaguar. Acomodada horizontalmente, el cuerpo es de pez y la cabeza de jaguar. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)

LA PRIMERA CAPITAL OLMECA

A​​lrededor del 1800 ANE los primeros colonos llegaron a una gran isla situada en medio de un laberinto de ríos ramificados y amplios pantanos. Escogieron el terreno más alto de la isla para establecer su comunidad por la seguridad que ofrecía ante las inundaciones, además de ser defendible. Era un lugar idóneo, en ese entonces cubierto de selva virgen, por estar rodeado de humedales repletos de vida silvestre.

Los olmecas fueron una cultura de agua. Fundaron su capital en un promontorio que emergía de terrenos pantanosos atravesados por corrientes fluviales, viviendo al vaivén de los agitados ritmos del agua que incidían en todos los aspectos de su realidad. Establecieron sus aldeas en elevaciones aisladas situadas en un entorno acuático, buscando ventajas para el transporte y el cultivo, siempre vigilantes de la línea de la inundación. Los ríos del sistema Coatzacoalcos y la intensidad de la temporada de lluvias determinaban los ciclos alternantes de abundancia y escasez.

Los olmecas fueron una cultura de agua. Fundaron su capital en un promontorio, viviendo al vaivén de los agitados ritmos del agua que incidían en todos los aspectos de su realidad.

En el terreno alto cultivaron tubérculos y después, gradualmente, el maíz comenzó a figurar en su dieta durante el período de apogeo. En los humedales obtuvieron alimentos a través de la cacería, la recolección, la pesca y el cultivo. Su profundo conocimiento del medio ambiente les permitió recolectar intensivamente los recursos acuáticos ricos en proteínas, los cuales eran excepcionalmente abundantes en algunas zonas de humedales.

Estos grupos explotaron los recursos acuáticos y luego los preservaron a través del secado y del ahumado. En la época crítica de la sequía anual administraron este aprovisionamiento para proporcionar alimento a su comunidad. Éste fue el comienzo del acceso desigual a los recursos, lo cual proporcionó prerrogativas sociales y políticas a los grupos fundadores que detentaban los derechos exclusivos sobre los bienes naturales de los humedales.

Allí las familias levantaron campamentos estacionales en los pequeños montículos de tierra que construyeron. Estos montículos eran como pequeñas islas artificiales desde las cuales pudieron recolectar peces, tortugas, camarones y toda clase de recursos acuáticos. Éstas fueron algunas de las primeras obras de ingeniería de los primeros olmecas. Su construcción transformó el medio natural en un paisaje cultural y permitió que los grupos fundadores establecieran derechos sobre los bienes naturales.

LA GRAN MESETA

San Lorenzo fue fundado alrededor del 1800 ANE y llegó a su máximo esplendor entre los años 1400 y 1000 ANE. Creció hasta extenderse sobre un área de más de 700 hectáreas con una cuantiosa población, de unos 10,000 habitantes en promedio, siendo la comunidad más grande de Mesoamérica en este momento.

La gran meseta de San Lorenzo resguarda los orígenes de su magnificencia. Este colosal monumento hecho de tierra se eleva 50 metros por encima de los pantanos de las inmediaciones. El desgaste y la erosión de tres milenios no pudieron desvanecer lo que fue el corazón del mundo olmeca que durante seis siglos fue planificado, creado y embellecido.

Desde el inicio de la comunidad, los habitantes comenzaron a modificar el entorno natural del lomerío de la isla. Entre el 1800 y el 1400 ANE, nivelaron las irregularidades en el terreno con rellenos, de esta manera lograron darle una nueva forma al lugar. Poco a poco esta actividad acrecentó la altura del terreno hasta conformar una meseta entre el 1400 y el 1000 ANE.

En total, colocaron siete millones de metros cúbicos de sedimentos para crear esta obra, la cual es una de las más grandes en Mesoamérica, siendo rebasada únicamente por la gran pirámide de Cholula. En las 90 hectáreas de la gran meseta construyeron terrazas habitacionales en múltiples niveles. Para ello elevaron muros de contención y aplicaron rellenos de tierra hasta aumentar su tamaño siete veces, alcanzando un volumen equivalente a siete veces el de la Pirámide del Sol en Teotihuacán.

Esta imponente obra en medio del campo anegado debió causar admiración a los que la vieron. Es evidente que la creación de la gran meseta artificial sobre la isla fue un proyecto planificado motivado por las necesidades de la población y también por las particulares creencias de su cosmovisión.

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El monumento 104 de San Lorenzo, un bloque con la imagen del Monstruo de la Tierra en bajorrelieve. (Foto de Ann Cyphers)

[Imagen anterior] Vista de una gran inundación de las llanuras costeras del sur de Veracruz. (Foto de Rafael Galina)

Para los olmecas, el monstruo cósmico fue una figura mitológica importante, era un ser ancestral que flotaba en las aguas primigenias y se consideró la fuente y la quintaesencia del universo. Sus fauces representaban la entrada al inframundo acuoso.

NOCIONES COSMOLÓGICAS MILENARIAS

Para los olmecas, el monstruo cósmico fue una figura mitológica importante, era un ser ancestral que flotaba en las aguas primigenias y se consideró la fuente y la quintaesencia del universo. Sus fauces representaban la entrada al inframundo acuoso, al igual que en otras cosmologías mesoamericanas.

Por ello, para legitimar su derecho a gobernar, los dignatarios olmecas mostraron en las esculturas a sus antepasados fundadores de manera divinizada al colocarlos en la entrada de una cueva, un sinónimo de la boca del Monstruo de la Tierra y de la entrada al inframundo. El monstruo está relacionado con las antiguas nociones de montaña, las cuales ocupan un lugar destacado en las cosmogonías más conocidas.

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Mapa de relieve digital con vista oblicua de la gran meseta de San Lorenzo. (Plano de Virginia Arieta)

Los conceptos de la ‘colina rodeada de agua’ y la ‘montaña sagrada’ se derivan de este monstruo primordial y son la manifestación de otro nivel del universo habitado por los dioses y los antepasados, desde donde emana la riqueza y el poder. El monstruo prosiguió siendo el emblema de los gobernantes y de sus capitales en la Mesoamérica ulterior. Entre los mayas, el monstruo ​witz y ‘montaña de agua’, y entre los nahuas el ​altepetl,​ ilustran cómo la cosmología y la jerarquía sociopolítica iban de la mano en el pensamiento antiguo. Por todo ello, podemos comprender que los primeros olmecas de San Lorenzo levantaron la meseta como réplica de la montaña sagrada, sinónimo del monstruo cósmico.

En la periferia cercana a San Lorenzo sobresale un lugar de culto en donde los olmecas depositaron ofrendas en las base del cerro El Manatí, ubicado a unos 10 km de San Lorenzo. En torno a este cerro sagrado se llevaron a cabo rituales periódicos que incluyeron ofrendas de piedra verde, pelotas de hule y bustos antropomorfos de madera.

Afortunadamente esas piezas hechas con materiales perecederos sobrevivieron al tiempo por haber quedado sumergidas bajo el agua. Es probable que la élite de San Lorenzo y otros grupos sociales hayan depositado estas ostentosas ofrendas en este teatro sagrado al aire libre.

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Vista parcial de la excavación del Palacio Rojo en la cual se muestra la columna de piedra rota, el drenaje de piedra que corre debajo del piso, dos recubrimiento de escalón, una estela, el muro de rocas calizas y varios otros de tierra compactada. (Foto de Brizio Martínez)

HABITAR LA CIUDAD

La vida en San Lorenzo estaba muy organizada y jerarquizada. El patrón de la vivienda se ajustó a la obra arquitectónica en el sentido que las personas construyeron sus hogares en los sectores que correspondían a su condición social, es decir que la meseta presentaba una zonificación por estatus. Los gobernantes y la élite utilizaron la parte alta y las terrazas para fincar sus residencias y los edificios ceremoniales y administrativos, mientras que las personas con menor estatus ocuparon las tierras de menor altitud y los más pobres vivían en la periferia. Esta zonificación muestra que había una relación directamente proporcional entre la distancia a la elevación y el estrato social, el cual disminuía al haber mayor distancia, un fenómeno que reproduce el concepto cosmológico de la montaña sagrada. Las casas de la élite poseían varias habitaciones grandes y, a veces, tenían un patio cerrado con drenaje subterráneo. No fueron construidas con ramas y lodo sino con gruesas paredes de tierra, una técnica sofisticada para la época. Las paredes y los pisos eran de vivos colores, rojo, naranja y amarillo. Se usó la bentonita, una piedra sedimentaria de los alrededores, para crear un subsuelo impermeable para el pavimento.


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Plano topográfico de San Lorenzo que muestra los sectores principales del sitio. (Plano de Virginia Arieta)

El Grupo E es un extraordinario ejemplo de una obra administrativa y ceremonial. Está compuesto por cuatro plataformas de tierra que rodean un patio hundido, y está asociado con símbolos en piedra sobre la autoridad y el gobierno: un trono, una cabeza colosal y un porta estandarte, todos ellos imbuidos con el simbolismo de los mitos de origen, el agua, la fertilidad y el inframundo. Era el lugar donde ejercieron sus funciones los primeros regímenes olmecas, un lugar santificado con el retrato colosal del dirigente ancestral divinizado. Allí, desde su trono, cada gobernante hereditario tomó importantes decisiones y manejó la vida social, religiosa y económica de la sociedad. Se desempeñó como intermediario entre los planos terrestre y espiritual por lo que condujo rituales públicos y privados en el umbral simbólico entre esos dos mundos.

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Reconstrucción de la composición del recinto ceremonial-administrativo del Grupo E con base en excavaciones. El gran trono, monumento 14, fue colocado junto a la plataforma norte mientras que la cabeza colosal 8 fue enterrada en el interior de la plataforma este. (Dibujo y fotos de Ann Cyphers y Brizio Martínez)

A poca distancia del Grupo E se encuentra el Palacio Rojo, la residencia de una familia importante, probablemente de un gobernante. Esta residencia de inusual tamaño, más de 2000 metros cuadrados, fue construida en lo alto de la meseta. Sobresale por contar con muchas habitaciones donde se realizaron diversas actividades domésticas, productivas y ceremoniales.

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El salón central era un santuario, probablemente utilizado para ceremonias privadas para reverenciar a los antepasados; contiene una alta columna de basalto, una banqueta que corre a lo largo de una pared y un drenaje de piedra que serpentea por debajo del piso de color rojo sangre.Otra habitación con suelo rojo se utilizó para el almacenamiento de esculturas de pequeño y mediano tamaño que habían sido mutiladas ceremonialmente por decapitación o desmembramiento. Junto a este almacén se encuentra el taller de reciclaje, el área donde los escultores, bajo la tutela de los propietarios del palacio, reutilizaron y transformaron los monumentos sagrados en otros objetos.

PIEDRAS VIVAS

Monumento 52 de San Lorenzo, Jaguar humanizado. Escultura zoomorfa con la representación de un jaguar con rasgos antropomorfos. Está sentado con las piernas dobladas, brazos doblados. Su rostro presenta la boca ajaguarada y abierta, ojos abiertos y nariz ancha. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)

CREADORES DE OBRAS MAESTRAS

Los artesanos olmecas alcanzaron un alto nivel de desarrollo artístico en obras de pequeña como de gran dimensión. Fueron maestros del trabajo en madera, del barro cocido, de las piedras semipreciosas y del basalto. Perfectas hachas de piedra verde, sublimes espejos de magnetita, finísimas vasijas esgrafiadas espolvoreadas con hematita, exquisitas figurillas de terracota adornadas con asfalto representando jugadores de pelota o rostros “baby face”, son algunos testimonios de su maestría. El dominio de estos materiales fue el resultado de siglos de aprendizaje y de experimentación para la fabricación de objetos utilitarios.

Entre todas estas manifestaciones artísticas sobresale la escultura en piedra de San Lorenzo por sus formas, temas y majestuoso tallado. En total, hasta hoy se han registrado 134 esculturas en San Lorenzo con un peso conjunto de unas 525 toneladas. De las tecnologías para crear objetos utilitarios se originaron las técnicas escultóricas olmecas que se implementaron para crear esculturas con la misma roca.

Las cabezas colosales y los tronos (antes nombrados altares) muestran el poder y el refinamiento de la élite y, de manera espectacular, reflejan los dos temas más importantes del arte: el gobierno y el cosmos.

Los tronos monolíticos, gigantes prismas en forma de mesa, fueron los asientos de poder de los gobernantes. Varios tronos muestran en su parte frontal un personaje sentado en la entrada de una cueva, haciendo alusión a un ancestro que emerge desde el portal del inframundo. Este ancestro legitima el poder del gobernante porque le convalida su filiación divina en la cueva de los orígenes.

La cueva seguiría siendo un concepto importante en toda Mesoamérica, una imagen poderosa que remite tanto a un ser sobrenatural como al vientre de la tierra –lugar del génesis– y a un conducto para comunicar el plano terrestre con el inframundo. En el mismo sentido, en el sitio Loma del Zapote se encontró un trono que muestra una cubierta sostenida por dos pequeños seres que recuerdan a los bacabs mayas que sostienen al mundo.

Un símbolo interesante que se encuentra en algunos de los tronos más grandes del mundo olmeca son las sogas, las cuales, además de ser un implemento importantísimo para mover los pesados cargamentos, ya sea de piedra o de mercancías, pudieron ser una alegoría para indicar lazos de parentesco o sucesión.

En mundo olmeca solamente se han hallado 17 cabezas colosales: 10 de San Lorenzo, cuatro de La Venta, dos de Tres Zapotes y una de Cobata. Estos retratos de los gobernantes muestran las facciones de hombres mayores, posiblemente resaltando sus cualidades de sabiduría. Las diferentes insignias que llevan cada uno de los cascos de las cabezas colosales pudieron indicar el nombre del personaje, como es frecuente en la iconografía y epigrafía maya.

Hay también representaciones de felinos, seres sobrenaturales que muestran características humanas y de animales, esferas, ductos, columnas y escalones. Destacan las enigmáticas figuras de personajes representados en el momento en que se transforman en animal, los jaguares y una fuente en forma de ave con motivos que evocan al agua y las nubes cargadas de lluvia.

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Monumento 9 de San Lorenzo, una fuente de piedra con forma de pato y símbolos acuáticos grabados en el torso. (Foto de Brizio Martínez)

Los escultores tenían preferencia por una piedra volcánica, el basalto, cuyo yacimiento se encuentra en las montañas Tuxtlas, a 60 km en línea recta. Al parecer los olmecas no contaban con la tecnología minera adecuada para extraer la piedra directamente del interior del flujo de basalto por lo que aprovecharon las grandes rocas de la superficie. Elaboraron los bocetos de piedra in situ para transportarlos a un lugar intermedio aún no identificado, donde se terminaban el labrado antes de llevar las esculturas a San Lorenzo.

Para facilitar el trabajo escultórico los gobernantes de San Lorenzo patrocinaron la producción de bocetos en la cantera. Alrededor del 1300 ANE, se fundó el sitio de Laguna de los Cerros como una posición de control permanente sobre la cantera de basalto y el cercano taller de Llano del Jícaro.

En San Lorenzo la élite vigiló y organizó el reciclado de grandes monumentos para crear cabezas colosales a partir de esculturas previas. En particular, algunos tronos fueron reciclados para convertirlos en cabezas colosales, lo cual indica que existió un ciclo escultórico que pudo haber coincidido con la muerte del gobernante, un hecho que atestigua el gran valor de la piedra de basalto.

Estas cabezas colosales posiblemente estaban destinadas a formar parte de una macro-escena compuesta por dos líneas de retratos colosales que coronaron la mitad sur de la meseta. Este escenario pétreo inconcluso fue una exposición histórica de los reyes-dioses o una evocación de los gobernantes ancestrales que, a su muerte, se habrían convertido en jugadores de pelota en el gran terreno de juego cósmico.

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Cabeza colosal 5 de San Lorenzo. (Foto de Brizio Martínez )

[Imagen anterior] El monumento 34 de San Lorenzo se encontraba en el almacén de esculturas en espera de ser reciclado. Muestra un jugador de pelota encuclillado que fue decapitado. Al parecer tenía brazos movibles. (Foto de Brizio Martínez)

OTROS ARTESANOS

En las terrazas de la primera capital olmeca se realizaron actividades artesanales que también fueron controladas por la élite. En un taller muy especial llevaron a cabo trabajos especializados de perforación y pulido de materiales importados. Allí se hallaron más de 100,000 artefactos prismáticos hechos del mineral ilmenita, que se usaron como soportes de un antiguo taladro, así como herramientas para pulir, brocas y desechos de trabajo. También se recuperaron evidencias de los productos perforados que estaban hechos de diversos materiales como son la piedra verde, el basalto y los minerales de hierro.

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Los artefactos prismáticos de ilmenita se utilizaron como soportes de un taladro. (Foto y dibujos de Arturo Madrid y Fernando Botas)

Los bloques de ilmenita se gastaron durante el trabajo de perforación y, cuando ya no sirvieron, se escondieron en fosas subterráneas en lugar de desecharlos. Tanto la ilmenita como la magnetita fueron minerales ferrosos muy apreciados, ya que sus cualidades físicas y químicas las hacen aptos para ser utilizados como herramientas de perforación y pulido. Además, cuando se pulieron adquirieron un brillo que les infirió connotaciones simbólicas, y con ellas se manufacturaron espejos y mosaicos, artículos muy valiosos que fueron utilizados solamente por unos pocos. Los soportes desgastados tuvieron que ser resguardados porque, al caer en las manos equivocadas, podían ser recortados para elaborar numerosos bienes de prestigio, cuya circulación incontrolada hubiera podido desmerecer su concepto y valor.

ABRIENDO LOS CAMINOS DE MESOAMÉRICA

Vista del Popocatépetl desde la cumbre del cerro Chalcatzingo, Morelos (Foto de Argan Aragon / CC-BY-SA)

LA COSTA SUR DEL GOLFO DE MÉXICO

UN MUNDO QUE SABE A AGUA

A lo largo de la historia las civilizaciones han surgido junto a los principales cursos de agua porque son las arterias naturales para la comunicación y el transporte y funcionan como barreras para la defensa. Fueron vitales para el comercio y el intercambio, ya que permitieron el transporte rápido y de bajo costo de alimentos, materias primas y productos terminados. Los asentamientos que se encuentran ventajosamente cerca de los cruces de ríos principales, islas, puertos naturales y puntos de transbordo de las redes de transporte terrestre y fluvial están más unidos con sus vecinos y tienen una mayor integración territorial. Los ríos han separado enemigos y definido territorios políticos, incluso hay leyendas que los glorifican o personifican.

Para incorporar a los pueblos cercanos y lejanos en una sola entidad política, los gobernantes de San Lorenzo usaron como estrategia el control de la ideología política, la propagación del sistema de creencias y la administración de las redes de transporte indispensables para el comercio y la comunicación regional. Probablemente su influencia se limitó a porciones de la costa del Golfo.

La noción de mandato estuvo estrechamente vinculada con el dogma religioso y fue el modelo para las relaciones sociales en todos los niveles. Desde lo alto de sus macizos tronos de basalto, los soberanos determinaron la distribución de las esculturas de piedra menores, que actuaron como lemas que transmitieron mensajes sobre el orden social y político en la región. Entablaron diferentes relaciones sociales, políticas y económicas con poblaciones específicas para iniciar y dirigir nuevas arterias de comunicación y transporte, así como asegurarse el acceso a ciertos recursos.

Los puntos clave de la jerarquía política regional se distinguieron con uno o más monumentos de piedra. San Lorenzo, junto con Tenochtitlán, El Remolino y Loma del Zapote, sus satélites contiguos a la isla, formaron el núcleo de los sistemas regionales de transporte fluvial y terrestre. Estero Rabón, uno de sus satélites periféricos, fue un importante enclave en la ruta que llevaba a la Sierra de los Tuxtlas, y Laguna de los Cerros, otro de sus centros periféricos, tuvo la misión de explotar el basalto del Cerro Cintepec.

Las festividades religiosas también promovieron la integración política y la cohesión social en la región, lo cual atrajo peregrinaciones a la isla San Lorenzo. Uno de los atractivos principales de estas festividades fue la recreación ritual y cíclica de dramas míticos o históricos a través escenas conformadas por grupos de esculturas, frecuentemente colocadas en recintos arquitectónicos.

La escena de esculturas de dos gemelos antropomorfos y dos felinos en la Acrópolis de El Azuzul, en Loma del Zapote, es un ejemplo notable de la dramatización de un antiguo mito que parece recrear al pasaje de los gemelos en el relato mítico del Popol Vuh. La composición de estas escenas y sus variantes seguramente modificaron el sentido de las esculturas individuales así como los mensajes emitidos. Las comunidades bajo la influencia de la gran capital de San Lorenzo participaron en las ceremonias regionales y, quizá, contribuyeron proporcionando sus propias esculturas de piedra para estas escenas, lo cual intensificó sus vínculos religiosos y políticos con el corazón del mundo olmeca.

LA RED DE INTERACCIÓN

En tiempos tempranos se crearon estrechas relaciones con sitios remotos de los valles del altiplano central y Centroamérica que eran contemporáneos con San Lorenzo. En ciertos lugares de estas vastas rutas de intercambio se han encontrado figurillas y vasijas con motivos olmecas confeccionadas localmente, pero en ninguno se imitó la talla de monumentos.

Muchos residentes de la sociedad de San Lorenzo participaron en las redes de intercambio y en el comercio de materiales locales y foráneos. A través de las redes de comunicación e intercambio se entablaron relaciones con sitios distantes como son San José Mogote en Oaxaca; Paso de la Amada en Chiapas; Tlatilco y Zohapilco en el Estado de México. Este intercambio formó una red compleja en la cual se movilizaron diferentes clases de bienes utilitarios y suntuarios. Por desgracia, hay pocas evidencias de productos preciados pero perecederos, como plumas multicolores, pieles de animales, artículos de madera, hueso y concha, plantas y animales vivos, flores, frutas, especias y sustancias medicinales, como el azufre, entre otros.

En esencia, se puede decir que San Lorenzo se comunicó con toda la Mesoamérica de su tiempo. En la red comercial se incorporaron productos como cacao, basalto, hule, espejos de mineral de hierro, mosaicos, herramientas, mica, piedra verde, tambores  hechos con caparazón de tortuga, espinas de mantarraya, trompetas hechas con caracol marino y vasijas decoradas con símbolos olmecas. El intercambio de la obsidiana para hacer herramientas cortantes alcanzó lugares lejanos en Puebla, Michoacán, Veracruz y Guatemala, mientras que la ilmenita y magnetita venían de Oaxaca. El tráfico de bienes de prestigio contribuyó a la comunicación entre las élites que estaban surgiendo en las distintas regiones. A través del intercambio de estos valiosos recursos se afianzaron alianzas y lealtades, las que ayudaron a centralizar el poder, a mantener los privilegios de los poderosos y a homologar los gustos de las élites.

En los puntos estratégicos para las comunicaciones interregionales es donde se han encontrado más elementos olmecas provenientes de San Lorenzo, pero en ninguno se imitó la talla de monumentos. Las comunidades de Tlatilco, y Tlapacoya, en el Estado de México, por haber sido la primera un paso hacia el Occidente y la segunda una entrada al valle de México, presentan gran cantidad de elementos que son similares a los bienes de la costa sur del Golfo como, por ejemplo, las figurillas y las vasijas confeccionadas localmente con motivos olmecas. En San José Mogote, Oaxaca, donde se concentró la materia prima de la región para la hechura de espejos, se han encontrado también gran cantidad de cerámica local con motivos olmecas. Lo mismo sucede con sitios del Soconusco, en la costa del Pacífico, región del cacao y paso hacia las fuentes de obsidiana y piedra verde de Guatemala.

OCASO Y RESURGIMIENTO

El altar 4 de La Venta muestra el ancestro sagrado dentro del nicho o cueva de los orígenes y la cubierta superior presenta la imagen estilizada del Monstruo de la Tierra. (Foto de Hirokazu Kotegawa)

Para el año 1000 ANE, San Lorenzo pasó por numerosas dificultades y dejó de ser la capital del mundo olmeca. No son claras las causas de su ocaso, pero el surgimiento de La Venta pudo ser una competencia que causó el debilitamiento de la organización sociopolítica de San Lorenzo. Además, un importante periodo de sequía amenazó a la densa población, la cual buscó alguna alternativa para cubrir sus necesidades de subsistencia.

El tallado de monumentos cesó y nunca se terminó la macro-escena de cabezas colosales. El sitio se despobló ya que los habitantes buscaron mejores condiciones de vida en La Venta y en otros sitios a lo largo de la costa del Golfo. Las pocas personas que quedaron en el sitio se incorporaron a la esfera política de La Venta, abrazaron sus valores sociales y costumbres, tal como se manifiesta en las figurillas de terracota que muestran el estilo de la deformación craneana típica de La Venta.  Los monumentos del sitio fueron destruidos y después toda el área fue abandonada. No obstante, el poderío alcanzado en San Lorenzo sentó las bases del desarrollo posterior de Mesoamérica.

Mil años después, una población con lengua e identidad aún desconocidas se instaló en San Lorenzo y aprovechó los restos arquitectónicos olmecas para construir sus templos y residencias. Esta población se retiró del lugar hacia el 1100 en nuestra era.

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Vista del montículo C-1 de La Venta. (Foto de Hirokazu Kotegawa)

LA VENTA

Si bien la primera ocupación del sitio de La Venta ocurrió en épocas muy tempranas, no es hasta el declive de San Lorenzo que surgió como capital. Al igual que su antecesor, la ciudad se fundó en una isla que se modificó para albergar una vasta área ceremonial organizada en torno a montículos, plataformas, plazas y una Gran Pirámide de 30 m de alto que remite a la montaña sagrada.

En este fastuoso escenario se colocaron casi 100 esculturas, cuatro cabezas colosales, tronos monolíticos y grandes estelas labradas. Al igual que lo harían los mayas unos siglos más tarde, celebraron majestuosas ceremonias luctuosas a sus gobernantes, como lo muestran dos monumentos funerarios: la tumba de las columnas basálticas y el gran sarcófago que personifica un ser mítico – posiblemente una deidad del inframundo. En el área ceremonial se encontraron voluminosas ofrendas de piedra verde y de espejos, algunos enterrados en escondrijos posicionados sobre el eje central del área ceremonial.

El trabajo de la piedra preciosa conoció un nuevo auge: el jade empezó a ser grabado con  iconografía olmeca – lo que no encontramos en San Lorenzo – y la escultura logró un nivel de detalle excepcional como lo muestra la escultura en serpentina, El Señor de Las Limas, hallada en la cuenca superior del río Coatzacoalcos, a 130 kilómetros de La Venta.

Sobresale un hallazgo que tuvo lugar en el sitio San Andrés, satélite de La Venta, en donde se encontró lo que podría ser el primer vestigio del signo ahau. Este glifo puede tener varios significados entre los cuales se encuentra el del gobernante o la clase gobernante.  Posiblemente fecha entre 650 y 500 ANE.

Este motivo (desenrollado) se encuentra grabado en un sello cilíndrico procedente del sitio de San Andrés, Tabasco. El motivo de color verde es el glifo ahau.

Este motivo (desenrollado) se encuentra grabado en un sello cilíndrico procedente del sitio de San Andrés, Tabasco. El motivo de color verde es el glifo ahau. (Redibujado por Ann Cyphers a partir de Pohl et al. 2002)

El poder de los gobernantes de La Venta debió ser extraordinario ya que la cantidad de mano de obra y de materiales pétreos preciosos y semipreciosos invertidos en la ciudad fue considerable, evidenciando la existencia de rutas de intercambio más densas y diversificadas que las de San Lorenzo. En este momento crece la importancia del gobernante y de la élite en las varias sociedades mesoamericanas, lo cual se manifiesta en un mayor intercambio de objetos suntuarios, sobre todo de piedra verde. Muchos elementos de la iconografía olmeca que en San Lorenzo se plasmaron en la cerámica, ahora aparecen en objetos de piedra verde, lo que significa que en esa época sólo fueron consumidos por la élite.

Los monumentos escultóricos con elementos olmecas de La Venta que se han encontrado en los distintos sitios arqueológicos de Mesoamérica configuran cadenas de centros regionales que trazan las dos grandes rutas comerciales: una que parte hacia el Altiplano de México y otra hacia Centroamérica por las costas del Pacífico sur. En estas rutas o cadenas especiales viajaban bienes como la piedra verde, tan preciada en esa época, y la obsidiana. Los puntos estratégicos en las rutas de intercambio presentan esculturas y/o arquitectura que imitan a las de La Venta o desarrollan sus propias versiones, haciendo ostentación de su poder y riqueza.

Hacia el 400 ANE La Venta fue abandonada.  La población migró a la llanura costera de Tabasco y al Petén guatemalteco. Después del colapso de la última capital olmeca todavía quedaron algunos reductos de esta cultura, uno de ellos, Tres Zapotes, Veracruz, sobrevivió hasta el comienzo de nuestra era.

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La escultura conocida como “el señor de las Limas” muestra un personaje masculino que carga un bebé inerte en sus brazos.En cada hombro y rodilla presenta motivos esgrafiados. (Foto de Hirokazu Kotegawa)

[Imagen anterior] El monumento 1 de Chalcatzingo muestra una figura sedente dentro de una cueva que a su vez también es la boca del Monstruo de la Tierra, de donde sale la neblina. (Foto de David C. Grove)

ALTIPLANO Y COSTA PACÍFICA SUR

En el Altiplano Central, en Morelos, Chalcatzingo se desarrolló como un centro regional estratégico entre la costa del Golfo, el valle de México y Guerrero. En las peñas del colosal cerro monolítico que domina el sitio, se encontraron relieves monumentales que muestran escenas míticas relacionadas con la lluvia, el viento, la agricultura, el Señor de la Cueva y el Monstruo de la Tierra, así como un trono en un patio hundido – el único fuera del área olmeca. Adosados a la montaña, sobresalen numerosas figuras de felinos y la de un personaje enigmático que vuela o cae, cuyo el estilo es muy parecido al de La Venta. Es notable la presencia del complejo estela-altar redondo en este sitio a partir del Preclásico Medio, el cual se considera una característica del sur de Mesoamérica.

Más al oeste, en Guerrero, el sitio de Teopantecuanitlán se encuentra en un valle donde confluyen los ríos Amacuzac y Mezcala, en la cuenca alta del río Balsas. Allí se encontró un patio hundido rodeado por muros de piedra con cuatro monolitos que representan seres sobrenaturales – posiblemente divinidades del agua – y una cabeza de piedra con cierta semejanza con las cabezas colosales del Golfo.

La sierra guerrerense alberga también dos sitios  excepcionales en las cuevas de Oxtotitlán y Juxtlahuaca. En Oxtotitlán, los pintores plasmaron un mural que muestra a un gobernante sentado sobre un trono formado por el Monstruo de la Tierra, similar al Altar 4 en La Venta. El gobernante porta una máscara que asemeja a un búho y tiene una capa de plumas verdes. Otro mural con una imagen muy al estilo olmeca presenta a un hombre junto a un jaguar. En las grutas de Juxtlahuaca se muestra a un personaje con tocado y capa negra, con el cuerpo cubierto con la piel de un jaguar. También hay representaciones de una serpiente emplumada y de un jaguar rojo.

La otra ruta comercial, la de la costa del Pacífico, está marcada por sitios con monumentos escultóricos como son Pijijiapan, Padre Piedra, Tzutzuculi y Xoc, así como La Blanca y Tak’alik Ab’aj, Guatemala, y Chalchuapa, El Salvador.

EL LEGADO OLMECA

Altar 8 y estela 5 de Tak’alik Ab’aj, Retalhuleu, Guatemala. Ejemplo del complejo estela-altar redondo. (Foto de Juliana Skaggs / CC-BY-SA)

La influencia olmeca en Mesoamérica no terminó con el declive del último refugio de esa cultura, Tres Zapotes. Muchos sitios mayas tempranos siguieron el patrón arquitectónico de La Venta y, sobre todo en el área maya, perduraron muchos de sus elementos iconográficos y algunas de sus costumbres, como el culto al gobernante y sus ancestros, la colocación de ofrendas en escondites y muchas más.

La escritura que se ha denominado ‘istmeña’ o ‘epi-olmeca’, expuesta en la Estela C de Tres Zapotes, la Estatuilla de los Tuxtlas y en la Estela de La Mojarra, por ejemplo, todavía no se ha podido decodificar, pero muestra algunos elementos comunes con la epigrafía maya. A su vez, los primeros ejemplos de la escritura maya, los cuales no son del todo descifrables, muestran muchas similitudes con la escritura istmeña. Seguramente las nociones de ciclos calendáricos ya se habían acuñado desde tiempos olmecas ya que en la Estela C de Tres Zapotes aparece la fecha 7.16.6.16.18, que corresponde al 3 de septiembre del 32 ANE en nuestro calendario, la cual es la segunda fecha más temprana en ese tipo de registro, siendo la más antigua la fecha inscrita en la Estela 2 de Chiapa de Corzo, 7.16.3.2.13, que corresponde al 10 de diciembre del 36 ANE.

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Estela C de Tres Zapotes presentando la segunda fecha más temprana en este tipo de registro. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)

Además de la coincidencia entre los adornos de los cascos de las cabezas colosales, que podrían ser los nombres de los señores, y los apelativos de los gobernantes mayas escondidos en sus tocados, otro elemento olmeca que fue común en la escritura e iconografía maya es la mano, la cual está asociada con tomar el poder. La imaginación olmeca creó a un ser con diferentes rasgos zoomorfos cuyo cuerpo, en algunas ocasiones, fue tan estilizado que se representó como una mano, un ala o una pata, posiblemente haciendo referencia a la parte importante de un mito. Más tarde aún persistió esta idea, como lo muestra el mascarón de la Estructura 34 de El Mirador, Guatemala, llamada también el Templo de la Garra del Jaguar.

El uso de tronos se conservó en el mundo maya así como los indicadores que legitimaron al gobernante vinculándolo con el fundador del linaje. Los signos olmecas llamados la ‘cruz de San Andrés’ y la U invertida también perduraron en la epigrafía maya. Un ejemplo espectacular de la relación olmeca-maya se encuentra en Izapa, en el estado de Chiapas, en la frontera entre México y Guatemala. Esta zona fue muy codiciada por las diferentes élites mesoamericanas por ser la productora del preciado cacao. Este sitio floreció entre el 600 ANE y el 100 de nuestra era, presenta más de 80 plataformas monumentales, algunas de ellas dispuestas conformando plazas, dentro de las cuales se colocaron las famosas estelas y a sus pies se pusieron altares.

Las estelas no presentan inscripciones jeroglíficas ni calendáricas, tampoco parecen referirse al tema del poder del gobernante. Son complejas escenas míticas, algunas vinculadas con el relato del Popol Vuh, realizadas de tal manera que parecen ser un intento por ubicar a las figuras en profundidad, con perspectiva. Se utilizaron símbolos comunes del arte olmeca, como las nubes, el signo de U y las bandas cruzadas, así como las bandas celestiales y la del inframundo. Los seres representados son divinidades, a veces con rasgos zoomorfos como son el hombre-pájaro, animales, aves, cocodrilos y jaguares, a menudo con cualidades sobrenaturales, algunos de los cuales sobrevivieron en el arte maya.

A 60 km de Izapa, a vuelo de pájaro, se encuentra Tak’alik Ab’aj, Guatemala, un sitio clave en la ruta que conectó el Istmo de Tehuantepec con Centroamérica, el cual es considerado el eslabón que presenta la continuidad del estilo olmeca y el comienzo del maya. Allí se encontraron más de 300 monumentos, los más antiguos fueron tallados con imágenes al estilo olmeca. Sobresalen los temas del personaje saliendo del elemento de nicho-cueva-fauces de un jaguar, el personaje con atuendo de pájaro, que presenta muchas similitudes con el del arte de Izapa y Oxtotitlán, así como las cabezas monumentales que se tallaron en un estilo local y el complejo estela-altar redondo.

Al noreste de Izapa, en la selva guatemalteca, se encontraron en San Bartolo las pinturas murales que hasta hoy son las más antiguas de la cultura maya. Fechadas hacia el 100 a.C., muestran una continuidad estética entre la iconografía olmeca tardía y la maya. Los temas de estas pinturas son míticos y religiosos, en ellas aparecen el dios del maíz y los gemelos del Popol Vuh, con innumerables rasgos del mundo olmeca, como el elemento en forma de U y la máscara bucal olmeca.

Los olmecas fundaron los cimientos de Mesoamérica, cimbraron la cosmovisión de pueblos que siglo tras siglo, cultura tras cultura, harían pervivir y evolucionar en el tiempo mesoamericano los rituales y los símbolos de la primera civilización del hemisferio norte de América.

A.C.

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Personaje con rasgos olmecas, mural Norte, San Bartolo, Petén, Guatemala. (Foto de Wiliam Saturno)

AGRADECIMIENTOS

Se agradece a las siguientes personas por haber apoyado el presente trabajo con dibujos, planos y fotografías: Rafael Galina, Virginia Arieta, Fernando Botas, Susan Gillespie, David C. Grove, Luis Fernando Hernández Lara, Gerardo Jiménez, Hirokazu Kotegawa, Arturo Madrid Almada, Brizio Martínez, Timothy Murtha, William Saturno, Lilian Velázquez, Juliana Skaggs, Marcela Gereda, a la National Anthropological Archives/Smithsonian Institution, a Barbara Winter del Museo de Arqueología y Etnografía de la Simon Fraser University, a la Mediateca del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México así como a Kenneth Garrett.

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TEXTO

▪Ann Cyphers para OC:TL / Obra bajo Licencia Creative Commons CC-BY-ND 2.5

IMÁGENES

Portada

▪Cabeza colosal 1, San Lorenzo, “El Rey”. Museo de Antropología de Xalapa. (Foto de Olmec / CC-BY-SA)

Introducción

▪Vista de la gran meseta de San Lorenzo desde el lado norte en 1992. (Foto de Ann Cyphers)
▪Mapa de Mesoamérica. (Dibujo de Luis Hernández)
▪Selección de rostros en el arte olmeca que muestra los cambios en los conceptos de belleza a lo largo de los siglos. (Fotos y dibujos de Fernando Botas, Ann Cyphers, Hirokazu Kotegawa y Brizio Martínez)

Capítulo 1

▪ Monumento 58, San Lorenzo. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪ Reconstrucción de un islote en donde se realizaba la producción de pescado ahumado. (Dibujo de Fernando Botas)
▪ Vista de un islote que se ubica al norte de San Lorenzo (Foto de Ann Cyphers)
▪Plano topográfico de San Lorenzo que muestra los sectores principales del sitio. (Plano de Virginia Arieta)
▪Vista de una gran inundación de las llanuras costeras del sur de Veracruz. (Foto de Rafael Galina)
▪El monumento 104 de San Lorenzo, un bloque con la imagen del Monstruo de la Tierra en bajorrelieve. (Foto de Ann Cyphers)
▪Se conservaron varios bustos de madera en el sitio El Manatí debido a que se encontraban en un entorno anegado. (© Foto de Kenneth Garrett)
▪Vista parcial de la excavación del Palacio Rojo. (Foto de Brizio Martínez)
▪Reconstrucción del cuarto sagrado en el interior del Palacio Rojo, San Lorenzo. (Dibujo de Lilian Velázquez)
▪Reconstrucción del almacén de esculturas en el interior del Palacio Rojo, San Lorenzo. (Dibujo de Lilian Velázquez)
▪Reconstrucción del taller de reciclaje de esculturas en el interior del Palacio Rojo, San Lorenzo. (Dibujo de Lilian Velázquez)
▪Reconstrucción de la composición del recinto ceremonial-administrativo del Grupo E. (Dibujo y fotos de Ann Cyphers y Brizio Martínez)

Capítulo 2

▪Monumento 52 de San Lorenzo, Jaguar humanizado. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
Monumento 6 de San Lorenzo. (Foto de Brizio Martínez)
▪Este boceto de una escultura antropomorfa fue hallado en el taller de escultura en Llano del Jícaro. (Foto de Brizio Martínez)
▪El monumento 1 de Laguna de los Cerros muestra un ser sobrenatural con ojos en forma de placas redondeadas, una con las bandas cruzadas en el interior y la otra con la U. (Foto de Brizio Martínez)
▪El monumento 19 de Laguna de los Cerros es la única escultura de piedra de los olmecas que muestra a un hombre de pie. (Foto de Brizio Martínez)
▪El tamaño de los tronos varía de acuerdo con el poder de los gobernantes que los mandaron a tallar; a. monumento 14 de San Lorenzo, b. monumento 5 de Laguna de los Cerros, c. monumento 2 de Loma del Zapote. (Fotos de Brizio Martínez)
▪Las representaciones artísticas en San Lorenzo tienen numerosas formas entre las cuales se encuentran las figuras humanas, los felinos, las aves y los seres sobrenaturales. (Fotos de Brizio Martínez)
▪Las etapas principales en el tallado escultórico del reciclaje de un trono para crear una cabeza colosal. (Fotos de Brizio Martínez)
▪Las 10 cabezas colosales de San Lorenzo que muestran la variedad en las características de los rostros, expresiones y tocados. (Fotos de Brizio Martínez)
▪La distribución espacial de las cabezas colosales en la meseta de San Lorenzo. (Plano y fotos de Thimothy Murtha y Brizio Martínez)
▪Monumento 107 de San Lorenzo. Jaguar sosteniendo a un posible jugador de pelota. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪El monumento 34 de San Lorenzo se encontraba en el almacén de esculturas en espera de ser reciclado. (Foto de Brizio Martínez)
▪Cabeza colosal 5 de San Lorenzo. (Foto de Brizio Martínez)
▪Los artefactos prismáticos de ilmenita se utilizaron como soportes de un taladro. (Foto y dibujos de Arturo Madrid y Fernando Botas)
▪Monumento 1 de San Lorenzo, in situ. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪Monumento 61 de San Lorenzo en excavación. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪Monumento 61 de San Lorenzo en excavación. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪Monumento 2 de San Lorenzo. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪El monumento 105 de San Lorenzo, una cabeza mutilada. (Foto de Ann Cyphers)
▪Monumento SL‐89 de San Lorenzo. (Foto de Ann Cyphers)
▪La excavación del Monumento 102 de San Lorenzo, el cual muestra un ave decapitada. (Foto de Ann Cyphers)
▪La excavación del Monumento 136 de San Lorenzo, un felino hecho de basalto. (Foto de Ann Cyphers)

Capítulo 3

▪Vista del Popocatépetl desde la cumbre del cerro Chalcatzingo, Morelos (Foto de Argan Aragon / CC-BY-SA)
▪Vista aérea de tierra y agua cerca de Villahermosa, Tabasco. 1968. (Robert Fleming Heizer papers, National Anthropological Archives, Smithsonian Institution)
▪Vista aérea de la costa de Veracruz. 1966. (Robert Fleming Heizer papers, National Anthropological Archives, Smithsonian Institution)
▪La escena escultórica procedente de la Acrópolis del Azuzul, en el sitio Loma del Zapote. (Dibujo de Fernando Botas)
▪Monumento 9, Acrópolis del Azuzul, Loma del Zapote. Gemelo II. Museo de Antropología de Xalapa. (Foto de Argan Aragon / CC-BY-SA)
▪Monumento 9 de San Lorenzo, una fuente de piedra con forma de pato y símbolos acuáticos grabados en el torso. (Foto de Brizio Martínez)
▪Botellón. Tlatilco, Estado de México. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪Pez. Tlatilco, Estado de México. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪Sello cilíndrico de terracota. Tlatilco, Estado de México. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪Figurilla antropomorfa. Tlatilco, Estado de México. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪Figurilla antropomorfa. Posible chamán. Tlatilco, Estado de México. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪El Acróbata. Tlatilco, Estado de México. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)

Capítulo 4

▪El altar 4 de La Venta muestra el ancestro sagrado dentro del nicho o cueva de los orígenes y la cubierta superior presenta la imagen estilizada del Monstruo de la Tierra. (Foto de Hirokazu Kotegawa)
▪Vista del montículo C-1 de La Venta. (Fotos de Hirokazu Kotegawa)
▪Las cuatro cabezas colosales de La Venta. (Fotos de Hirokazu Kotegawa)
▪Croquis de La Venta con la ubicación de algunas esculturas destacadas. (Fotos de Hirokazu Kotegawa)
▪La ofrenda 4 de La Venta es un escondrijo enterrado en una fosa. Está compuesta por 16 figurillas de piedra semipreciosa y seis hachas delgadas que probablemente simbolizan estelas. (Robert Fleming Heizer papers, National Anthropological Archives, Smithsonian Institution)
▪Mosaico monumental de máscara de jaguar. Plataforma suroeste. (Robert Fleming Heizer papers, National Anthropological Archives, Smithsonian Institution)
▪La ofrenda 9 de La Venta consiste en un arreglo de nueve hachas y al norte un espejo. (Robert Fleming Heizer papers, National Anthropological Archives, Smithsonian Institution)
▪La ofrenda masiva de piedra verde que fue hallada en la plataforma suroeste del Complejo A. (Robert Fleming Heizer papers, National Anthropological Archives, Smithsonian Institution)
▪Este motivo (desenrollado) se encuentra grabado en un sello cilíndrico procedente del sitio de San Andrés, Tabasco. El motivo de color verde es el glifo ahau. (Redibujado por Ann Cyphers a partir de Pohl et al. 2002)
▪La escultura conocida como el ‘señor de Las Limas’ muestra un personaje masculino que carga un bebé inerte en sus brazos. En cada hombro y rodilla presenta motivos esgrafiados. (Foto de Hirokazu Kotegawa)
▪El monumento 1 de Chalcatzingo muestra una figura sedente dentro de una cueva que a su vez también es la boca del Monstruo de la Tierra, de donde sale la neblina. (Foto de David C. Grove)
▪El altar de Chalcatzingo mide 4.4 m de largo. El patio hundido y el interior del altar albergaban un total de 17 entierros humanos. (Foto de David C. Grove)
▪El monumento 4 de Chalcatzingo muestra dos felinos y dos humanos, posiblemente en conflicto. (Foto de Ann Cyphers)
▪Vista del cerro Chalcatzingo desde el pie de la plaza principal. (Foto de Argan Aragon / CC-BY-SA)
▪Detalle del monumento 1 de Chalcatzingo. (Foto de Argan Aragon / CC-BY-SA)
▪Detalle del monumento 2 de Chalcatzingo. (Foto de Argan Aragon / CC-BY-SA)
▪Detalle del monumento 41 de Chalcatzingo. (Foto de Argan Aragon / CC-BY-SA)
▪Pinturas rupestres, Juxtlahuaca. (Foto de Brian Hayden. Simon Fraser University.-Museum of Archaeology & Ethnology)
▪Pinturas rupestres, Juxtlahuaca. (Foto de Brian Hayden. Simon Fraser University.-Museum of Archaeology & Ethnology)
▪Pinturas rupestres, Juxtlahuaca. (Foto de Brian Hayden. Simon Fraser University.-Museum of Archaeology & Ethnology)
▪Vista desde la entrada de la cueva de Juxtlahuaca. (Foto de Brian Hayden. Simon Fraser University.-Museum of Archaeology & Ethnology)
▪El mural 1 de la cueva de Oxtotitlán, Guerrero, muestra un personaje elegantemente ataviado con capa de plumas y tocado de búho, que está sentado sobre el rostro del Monstruo de la Tierra. (Dibujo de Susan Gillespie)

Conclusión

▪Altar 8 y estela 5 de Tak’alik Ab’aj, Retalhuleu, Guatemala. Ejemplo del complejo estela-altar redondo. (Foto de Juliana Skaggs / CC-BY-SA)
▪Estela C de Tres Zapotes presentando la segunda fecha más temprana en este tipo de registro. (SECRETARÍA DE CULTURA.-INAH.-MEX. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia)
▪La estela 67 de Izapa que muestra a un personaje en un cayuco. (Foto de Ann Cyphers)
▪La estela 11 de Izapa que muestra a un personaje saliendo (o entrando) de las fauces de un ser zoomorfa que porta la ‘cruz de San Andrés’. (Foto de Ann Cyphers)
▪El monumento 2 de Izapa que muestra un personaje dentro de las fauces de un ser sobrenatural. (Foto de Ann Cyphers)
▪El monumento 67 de Tak’alik Ab’aj, que muestra un personaje dentro de las fauces de un ser sobrenatural. (Foto de Marcela Gereda / CC-BY-SA)
▪Monumento 68, Tak’alik Ab’aj, representando una rana. (Foto de Marcela Gereda / CC-BY-SA)
▪Monumento 99 de Tak’alik Ab’aj. (Foto de Marcela Gereda / CC-BY-SA)
▪Personaje con rasgos olmecas, mural Norte, San Bartolo, Petén, Guatemala. (Foto de Wiliam Saturno)

Para citar este artículo:

Cyphers, A. (2019). Los olmecas de San Lorenzo: el inicio de la civilización en Mesoamérica. OC:TL [en línea], Vol.1 (Gran Angular-01). Accesible en: https://https://https://https://https://https://octl.mx/los-olmecas  [Consultado el 9 Dec. 2019]. ISSN: 23959-290 

Créditos: Ann Cyphers para OC:TL. Obra bajo Licencia Creative Commons CC-BY-ND 2.5

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El autor

Ann Cyphers ■ Arqueóloga e historiadora, ha vivido en México desde 1972. Investigadora titular en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, especialista del periodo Preclásico en Mesoamérica, ha realizado trabajo de campo en Veracruz y Morelos, así como en Estados Unidos. Ha sido distinguida por el INAH, el Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana, la National Geographic Society y la Universidad de Illinois. En 2018, recibió el Premio Universidad Nacional otorgado por la UNAM.

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