TOLLAN TEOTIHUACÁN

El lugar donde comenzó el tiempo

Sergio Gómez Chávez

Tiempo de lectura: ⏱ 40 min.

Sergio Gómez Chávez

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“Las intensas lluvias reblandecieron el suelo y se descubrió, durante la noche, un tiro circular de 83 centímetros de diámetro que nos condujo a uno de los hallazgos arqueológicos más sorprendentes que se hayan realizado en los últimos años.”

El túnel bajo el Templo de la Serpiente Emplumada

El 2 de octubre de 2003 marcaría una fecha importante para la arqueología de Teotihuacán y de Mesoamérica. Las intensas lluvias reblandecieron el suelo y se descubrió, durante la noche, un tiro circular de 83 centímetros de diámetro que nos condujo a uno de los hallazgos arqueológicos más sorprendentes que se hayan realizado en los últimos años. 

Hacía varios años que insistíamos en la necesidad de proteger y llevar a cabo acciones para la conservación del Templo de La Serpiente Emplumada, uno de los edificios más emblemáticos de Teotihuacán y de México. Ese año, iniciamos finalmente una serie de acciones encaminadas a la salvaguarda y protección del edificio, el cual desde hacía pocos años había comenzado a mostrar un acelerado y grave deterioro. El entonces director del INAH, el etnólogo Sergio Arroyo, nos dio indicaciones y el presupuesto necesario para iniciar los trabajos de conservación.

Fachada del Templo de La Serpiente Emplumada. | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

El día del descubrimiento, realmente no sabíamos de qué se trataba ese hueco que se había hecho en el lugar donde miles y miles de visitantes se paraban desde 1917, en el edificio explorado por el arqueólogo Manuel Gamio, para escuchar las explicaciones de los guías de turistas. Fue quizá un poco de suerte el habernos encontrado en el momento y el lugar precisos.

Di instrucciones para acordonar el área y retirar la tierra que había caído al fondo del tiro; con ayuda de una vieja cuerda que mis colaboradores me ataron a la cintura, descendí por ese oscuro y estrecho tiro. Conforme iba bajando la luz del sol se perdía, entonces solo podía tocar las paredes húmedas y percibir un insoportable olor.

Una vez estando abajo y después de retirar algunas piedras, me percaté de la existencia del túnel. Las marcas de herramientas en la bóveda indicaban que no era un elemento natural. Sin embargo, y aun sin saber de qué se trataba, la imaginación voló y dio paso a las más diversas y especulativas ideas.

En tanto nos dedicábamos a avanzar y concluir con los trabajos de conservación del antiguo edificio, desarrollé el protocolo de investigación para obtener la autorización de la instancia académica que regula la arqueología en México. Me pareció pertinente invitar como asesores a distinguidos colegas de diferentes especialidades que nos dieron su opinión  sobre el planteamiento original. Finalmente obtuve la autorización y ahora debía buscar los  fondos para emprender la exploración del túnel.

Hacía más de una década que llevaba a cabo excavaciones en diferentes partes en Teotihuacán; mi trabajo de investigación se había enfocado a tratar aspectos de la conformación y la estructura de los barrios, de aspectos de la vida cotidiana y los sistemas de producción artesanal, la presencia foránea e inclusive del sistema de escritura y ahora se presentaba la oportunidad de trabajar aspectos vinculados con la religión y el pensamiento cosmogónico.

Intuí que para llevar a cabo esta exploración se requeriría mucho tacto, pues representaba una gran responsabilidad ante la posibilidad de que este contexto que había permanecido oculto e inalterado por muchos siglos, revelaría datos de gran relevancia para la comprensión de Teotihuacán.

Por una cuestión poco entendible, el proyecto de conservación del Templo de La Serpiente Emplumada se canceló en 2004 por instrucciones del que fue nombrado director general del INAH, Luciano Cedillo. Solo después de librar diferentes vicisitudes en 2009 reiniciamos los trabajos y felizmente comenzamos la exploración del túnel.

Ha sido más de una década de trabajos continuos en el que la exploración del túnel bajo el Templo de la Serpiente Emplumada, ha generado muchísima información y nos ha permitido ir corroborando una a una las hipótesis planteadas varios años antes de iniciar la exploración, indicando que el planteamiento original había sido el correcto.

 Durante este tiempo se utilizaron diferentes recursos tecnológicos que sirvieron para ir adecuando la estrategia diseñada para la investigación y llevar a cabo el trabajo de exploración de la mejor manera. Un instrumento que usamos para tener una perspectiva del conducto o subterráneo antes de iniciar las investigaciones fue el georadar o radar de penetración. Mediante la proyección de ondas electromagnéticas, este equipo nos permitió tener una idea más certera sobre el lugar donde deberíamos buscar la entrada principal al túnel, así como la longitud del mismo.

Los resultados del georadar indicaban que el túnel podría tener una longitud entre 100 y 120 metros. Para localizar la entrada principal consideramos la información obtenida tiempo atrás y proyectamos excavar un área de aproximadamente 100 metros cuadrados donde se había detectado una fuerte anomalía. Luego de 8 meses de trabajo finalmente localizamos la entrada al túnel justo donde lo habíamos proyectado.

Al casi concluir los trabajos de exploración, corroboramos que la longitud es de 103 metros, lo que nos indicó que los cálculos obtenidos mediante el uso del georadar eran muy cercanos a la realidad.

Intrusión del Robot Tlaloque I en el interior del túnel para un primer reconocimiento. | © Sergio Gómez / Proyecto Tlalocan / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Se diseñaron y construyeron dos robots que nos permitieron llevar a cabo las primeras inspecciones y registros dentro del túnel. El diseño y construcción de ambos equipos estuvo a cargo de un estudiante del Instituto Politécnico Nacional, quien recibió un reconocimiento muy amplio por los medios de comunicación de todo el orbe, pues era la primera vez que se usaba un robot en una exploración arqueológica en México, y la segunda en el mundo.

Utilizamos un escáner láser 3D para llevar a cabo un registro muy preciso del proceso de exploración. Estos equipos por lo general se utilizan para realizar levantamientos de edificios o estructuras arquitectónicas en pie, sin embargo, en este caso se usaron durante una exploración arqueológica en curso.

El proceso de la investigación arqueológica implicó la paulatina revisión de algunas hipótesis planteadas en el protocolo de 2005. Considerando la información de las fuentes escritas y particularmente lo relatado por Sahagún en su Historia General de las Cosas de la Nueva España, habíamos postulado que la entrada al túnel debía encontrase al oeste; también suponíamos que el túnel era una representación metafórica del inframundo y que por tanto debíamos identificar aspectos que permitieran reconocer lo que denominamos elementos de la geografía sagrada. Se postuló también la hipótesis de que al final del túnel habríamos de encontrar una gran ofrenda que acompañara los restos de una persona, pues suponíamos que el túnel había sido utilizado como depósito funerario de un alto y poderoso gobernante. De acuerdo con distintos relatos míticos el Este es el lugar donde se resguardan las semillas nutricias y era un lugar de riqueza y abundancia.

Señalamos que la configuración del túnel mantendría una correspondencia con el Templo de La Serpiente Emplumada y más específicamente con un edificio más antiguo que le precedió. Estas ideas fueron puestas a prueba, y para beneplácito nuestro, una a una fueron corroboradas, aunque en algunos casos hemos tenido que modificar e ir precisando las hipótesis.

Sobre la forma general y los tiempos del túnel

El acceso al túnel bajo el Templo de La Serpiente Emplumada se realizaba desde un tiro vertical de casi 5 metros por lado. Este tiro excavado en la roca y recubierto con bloques de piedra careada desciende a casi 14 metros desde el nivel de la superficie actual, para encontrar la boca de entrada al túnel en el lado este. El túnel como antes señalamos, tiene una longitud de casi 103 metros y se conforma por dos secciones diferenciadas por el nivel del piso. La primera sección tiene una longitud de 65 metros, donde se ubican dos pequeñas cámaras laterales cuyas paredes de adobe estuvieron completamente impregnadas de un polvo de minerales brillantes. En seguida, el nivel del túnel desciende hasta casi 15 metros; la segunda sección inicia en el metro 71.

Vista lateral del túnel en relación con el Templo de La Serpiente Emplumada. | © Sergio Gómez / Proyecto Tlalocan / Instituto Nacional de Antropología e Historia

El túnel culmina donde se encuentran tres grandes cámaras dispuestas al norte, este y sur. La intersección de los ejes norte-sur y este-oeste, coincide con el eje vertical del Templo de La Serpiente Emplumada. Pero más aún, este eje marca el vínculo de comunicación entre los tres niveles del cosmos (región celeste, tierra e inframundo), los rumbos y esquinas del universo. Es el eje del mundo.

En esta parte final del túnel, la bóveda se encuentra ennegrecida con lodo que conserva restos de la pirita en polvo que los teotihuacanos impregnaron en prácticamente todo el conducto subterráneo. En un nivel más profundo el piso muestra una configuración muy irregular, con pequeñas elevaciones y cavidades intermedias. En las cavidades de la sección sur se localizaron gotas de mercurio.

Los teotihuacanos tallaron el piso para aparentar un paisaje montañoso, irrigado por ríos y lagos que contenían agua, representada por el mercurio. Arriba se recreaba el cielo del inframundo con estrellas que titilaban al reflejar la pirita la luz de las teas encendidas que utilizaban para iluminarse, quedando abajo un paisaje montañoso.  Todo el conjunto de elementos constituye un extraordinario cosmograma.

El túnel fue construido hacia el inicio del primer siglo de nuestra era. Fue utilizado durante cerca de 200 o 250 años para llevar a cabo diversas actividades rituales. Durante este tiempo fue objeto de múltiples cierres o clausuras, aperturas e ingresos, aunque se distinguen tres grandes momentos. En un primer momento el túnel se cerró construyendo  muros de piedra de 3 metros de ancho, luego se derrumbaron y sobre sus desplantes se construyeron nuevamente los muros cerrando el túnel. Los muros serían nuevamente derrumbados para ingresar y finalmente, la tercera clausura consistió en el relleno del túnel con varias toneladas de tierra y piedra impidiendo definitivamente el acceso a su interior.

Los teotihuacanos tallaron el piso para aparentar un paisaje montañoso, irrigado por ríos y lagos que contenían agua, representada por el mercurio. Arriba se recreaba el cielo del inframundo, con estrellas que titilaban al reflejar la pirita la luz de las teas encendidas que utilizaban para iluminarse, quedando abajo un paisaje montañoso.  

Recuento de los hallazgos principales

Desde el comienzo de las exploraciones encaminadas primero a localizar la entrada principal, fue notable la abundancia de materiales arqueológicos recuperados. Al inicio, durante la exploración del tiro de acceso se trataba principalmente de varios miles de fragmentos de cerámica, huesos, conchas, pequeños objetos de piedra verde y de obsidiana; en cuanto emprendimos la exploración del túnel, se recuperaron diversos objetos, ya fuese que estuvieran entre el relleno o agrupados en conjuntos cuidadosamente colocados, los cuales definimos como depósitos de ofrendas. De esta manera, conforme la excavación avanzaba, los depósitos se hacían más complejos, pues incluían mayor cantidad y variedad de objetos.

Detalle de una de las primeras ofrendas recuperadas durante la exploración. Grandes cuchillos de obsidiana, puntas de flecha y una jarra con la imagen de Tláloc. | © Sergio Gómez / Proyecto Tlalocan / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Vista de las tres cámaras al final del túnel marcando el axis mundi. | © Sergio Gómez / Proyecto Tlalocan / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Los primeros depósitos consistían en grupos de puntas y cuchillos de obsidiana. Conforme fuimos avanzando se encontraron conjuntos de objetos de mucha mayor calidad y cantidad. Algunos depósitos incluyeron numerosas ollas de barro, caracoles y restos de cestería. Un depósito incluyó lo que podría ser una especie de canasto, y otro, los restos de dos petates. En la antecámara sur se localizaron cientos de lo que pensamos originalmente debieron ser bolas de pirita, aunque en este caso habían sufrido un proceso de degradación que las transformaron en un mineral amarillento de consistencia pulverulenta.

El segundo tramo del túnel fue excepcionalmente rico en los depósitos de ofrendas. En los espacios entre los muros de cada clausura se localizaron cientos y hasta miles de diferentes objetos, centenas de grandes caracoles, cerámica y obsidiana, miles de diferentes objetos y fragmentos de madera.

Sorprendentemente, y conforme avanzamos en el estudio de los materiales recuperados, descubrimos que una gran cantidad de objetos y materiales fueron importados desde la zona maya. Con excepción de algunas cerámicas procedentes del sur de Puebla, todo el conjunto de objetos importados es de origen maya.

Los caracoles, el hule, el jade, las pieles de los grandes felinos, el ámbar, el cacao y posiblemente también el cinabrio, la pirita y el mercurio, se trajeron desde la zona maya para ser depositados en un ritual que debió realizarse durante el primer siglo de nuestra era. Debió tratarse de un evento de tal magnitud e importancia que desde el territorio maya se enviaron toda clase de objetos para la oblación.

Al final del túnel, en el espacio en el que se forman las tres grandes cámaras, se localizó una extraordinaria ofrenda compuesta por miles de diferentes objetos elaborados en concha y decenas de instrumentos musicales hechos de caracoles, jade y otras piedras verdes, objetos de pirita, restos de insectos y miles de semillas de diferentes plantas, objetos de madera así como varias pelotas de hule. Se recuperó también una gran cantidad de huesos de grandes felinos, además de los cráneos, las garras y algunos pelos, indicando que fueron depositados como pieles.

Este depósito incluye cuatro esculturas antropomorfas que representan a tres mujeres vestidas y otra figura mucho más pequeña, masculina, que va desnuda. Originalmente debieron haberse colocado de pie, aunque solo encontramos una pareja en el lado oeste que mantenía su posición original. Las otras dos, ubicadas a la entrada de las cámaras norte y sur, estaban caídas. Las cuatro debieron ser colocadas con cierta inclinación para dirigir su mirada hacia el punto que corresponde a la intersección de los ejes este-oeste y norte-sur, que identificamos como el axis mundi.

Las figuras erguidas representan a seres vivos que interactúan en un cosmograma en el que se ve representada la bóveda celeste impregnada de minerales brillantes para representar el cielo estrellado del inframundo.

Al final del túnel, en el espacio en el que se forman las tres grandes cámaras, se localizó una extraordinaria ofrenda compuesta por miles de diferentes objetos elaborados en concha, decenas de instrumentos musicales hechos de caracoles, jade y otras piedras verdes, objetos de pirita, restos de insectos y miles de semillas de diferentes plantas, así como varias pelotas de hule.

Vista de la fachada y parte del Complejo Arquitectónico de la Pirámide del Sol. | © Archivo Instituto Nacional de Antropología e Historia

A reserva de concluir todos los estudios, una primera interpretación indica que se trata de una representación vinculada con el mito de los orígenes que se remontan a tiempos inmemorables. Las esculturas originalmente cargaban los bultos sagrados en los que llevaban los dones y objetos mágicos que servían para hacer la magia y la adivinación. Cargaban consigo los objetos de jade y espejos de pirita que simbólicamente servían para “mirar” lo que sucede en el inframundo y proyectar imágenes del futuro. Hemos planteado la posibilidad de que estas esculturas representan a los seres que poseían el don de la geomancia, por medio del cual, interpretando los rasgos del paisaje y la topografía natural, determinan el lugar donde habrá de colocarse la primera piedra y erigirse el primer templo. Pero también ésta escena  podría estar vinculada  con la imagen del dios del maíz joven, que es asistido por las tres mujeres que le preparan para emerger a la superficie desde el inframundo. Ambas son ideas sobre las que aún estamos trabajando y solamente al concluir  el estudio de todos los materiales recuperados, podremos dar una explicación plausible.

Antes de iniciar la exploración planteamos la hipótesis de que a final del túnel se encontrarían los restos de una persona, pues postulamos que el túnel fue el depósito funerario de un gobernante teotihuacano. Rene Millon propuso que el túnel bajo la Pirámide del Sol se utilizó como tumba de un gobernante. En nuestro caso no localizamos los restos de alguna persona, aunque no se descarta nuestra hipótesis, pues es posible que hubiese sido incinerado y sus restos esparcidos o colocados dentro de una urna. Durante la exploración del túnel bajo el Templo de La Serpiente Emplumada, registramos  evidencias que indican que algo muy pesado se extrajo del interior del túnel, posiblemente la urna que contenía los restos de esa persona que pudo ser sepultada bajo la montaña sagrada en el inframundo.  La desacralización del espacio coincidió con la violenta destrucción de una escultura masculina de gran formato que posiblemente le representaba. La escultura fue despedazada intencionalmente, posiblemente como un acto ritual de destrucción de los símbolos del poder.

Detalle de las dos esculturas que se mantuvieron en su posición original, dirigiendo su mirada al eje vertical que conecta los tres niveles del universo. | © Sergio Gómez / Proyecto Tlalocan / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Indudablemente, el descubrimiento y la exploración del túnel bajo el Templo de La Serpiente Emplumada, ha sido importante por la metodología implementada en la investigación. La gran cantidad y variedad de objetos extraordinarios rescatados  es tan relevante, como la oportunidad de conocer y adentrarnos en el pensamiento mágico, religioso y cosmogónico de las antiguas culturas mesoamericanas.

A la luz de toda esta información, hoy entendemos que los cientos de individuos sacrificados localizados en la base del Templo de La Serpiente Emplumada, mantienen una relación con el túnel, y seguramente habrían sido colocados para consagrar la nueva edificación y al mismo tiempo resguardar simbólicamente el espacio subterráneo y la sepultura de la persona que yacía muchos metros abajo.

© Archivo Instituto Nacional de Antropología e Historia

La gran Tollan Teotihuacán

Antes hemos presentado un relato resumido de un gran descubrimiento, de cómo exploramos y cómo finalmente trabajando en cuestiones de la ideología y el pensamiento mágico religioso, nos hemos adentrado en el conocimiento de la antigua sociedad teotihuacana. No obstante cualquier hallazgo debe vincularse con el contexto temporal y espacial, pues solo de esa manera podremos entender y tener una visión más amplia de lo que fue la sociedad teotihuacana. Hagamos un breve recuento de Teotihuacán, la ciudad, los grupos humanos que la habitaron y algunos aspectos que la definen como una sociedad excepcional y compleja.

Teotihuacán fue la sede de una de las sociedades más complejas que existieron en el México prehispánico. A nivel mundial ocupa un lugar destacado junto con otros grandes desarrollos sociales que florecieron en la antigüedad en Asia, norte de África, cercano oriente y Sudamérica. En estos lugares surgieron y evolucionaron sociedades complejas como la china, egipcia, mesopotámica, persa e inca, por citar algunas, que lograron un gran desarrollo, cuyas obras, monumentos y creaciones diversas han perdurado hasta nuestros días. Sus ruinas son manifestaciones que no dejan de sorprendernos por ser resultado de un alto nivel de desarrollo social, económico, tecnológico, cultural, artístico y espiritual.

Sin lugar a dudas Teotihuacán es un sitio excepcional para el estudio y la búsqueda de respuestas a preguntas que interesan no solo a los arqueólogos, sino también a otros especialistas de diversas disciplinas que intentan explicar el devenir y el desarrollo de la humanidad.

La ciudad de Teotihuacán, sede de un poderoso Estado, fue una de las más grandes y mejor planificadas que existieron no solo en Mesoamérica, sino en todo el mundo antiguo. Su magnificencia, mostrada en los grandes monumentos y en los miles de conjuntos que conforman la ciudad, la hacen un lugar singular e importante para la investigación.

Durante su apogeo, Teotihuacán representaba el orden supremo y se mostraba ante sus contemporáneos como el centro del mundo. Simbólicamente, la ciudad integrada por sus grandes monumentos en complejos arquitectónicos, se construyó como una metáfora que reproducía en la tierra la forma como se pensaba que había sido creado el universo.

Teotihuacán debió concebirse en el imaginario de mucha gente de entonces como el lugar donde comenzó el tiempo. Era el lugar sagrado (Tollan) donde los hombres se hacen dioses (Teotihuacán).

La ciudad en su conjunto había surgido y para muchos debió representar el centro del mundo; pero además, reproducía  en algunos de sus monumentos las regiones del plano horizontal, sus esquinas y los tres niveles que los dioses habían dispuesto para ordenar el caos en que se encontraba el universo; era el arquetipo, el modelo idealizado de perfección que debió impactar a muchas antiguas poblaciones. La ciudad representaba el orden y se contraponía con el caos y la oscuridad que existía antes del comienzo de los tiempos.

Teotihuacán debió concebirse en el imaginario de mucha gente de entonces como el lugar donde comenzó el tiempo. Era el lugar sagrado (Tollan) donde los hombres se hacen dioses (Teotihuacán). A este gran santuario acudían los dirigentes de muchas ciudades, tan lejanos como los mayas, para ser investidos del poder que les permitiría gobernar en sus ciudades y comunidades. Al recibir el poder, los hombres se transformaban simbólicamente en entidades sagradas.

La importancia de Teotihuacán para la investigación de las sociedades complejas

Hace bastante tiempo que iniciaron las investigaciones arqueológicas en Teotihuacán, aunque el conocimiento que hoy se tiene de esta sociedad comenzó a generarse hace poco más de medio siglo, solo cuando se logró completar el mapa de la ciudad. Hasta entonces se tenía una comprensión muy parcial de lo que había sido Teotihuacán.

Trabajos de exploración de Manuel Gamio hacia 1917 en el Templo de La Serpiente Emplumada | © Archivo Instituto Nacional de Antropología e Historia

Las primeras excavaciones arqueológicas se realizaron en 1675 y fueron llevadas a cabo en la Pirámide de La Luna por Don Carlos de Sigüenza y Góngora, el primer historiador mexicano. Sin embargo, desde hace poco más de 100 años Teotihuacán viene investigándose de manera cada vez más sistemática y exhaustiva. La metodología que hoy se aplica para dar solución a diversos problemas académicos requiere nuevas estrategias, tecnología más avanzada, mejores técnicas de exploración, ideas novedosas y nuevas teorías para tratar de  explicar aspectos de lo que fue esta sociedad. En la actualidad se emplean sofisticados equipos de los más diversos laboratorios para analizar y estudiar materiales o componentes específicos de objetos, lo que proporciona a los arqueólogos elementos antes inimaginables para dar sustento a sus teorías e hipótesis.

La gran escultura de la Chalchiutlicue, localizada cerca de la Pirámide de La Luna | © Archivo Instituto Nacional de Antropología e Historia

Para muchos investigadores, Teotihuacán representa un elemento clave para el conocimiento de aspectos que permiten comprender el desarrollo no solo de la ciudad o de la civilización mesoamericana, sino de la humanidad misma. Junto con los arqueólogos, otros científicos sociales se interesan en Teotihuacán para explicar cómo se establece la estratificación social, el surgimiento de las clases sociales y qué consecuencias tuvo para el origen del Estado; también trabajan en comprender y caracterizar los sistemas de gobierno y el papel de las instituciones en la organización social.

Especialistas de varias partes del mundo realizan investigaciones en Teotihuacán sobre los sistemas de producción e intercambio, los patrones de consumo, las formas de explotación de los recursos naturales, los patrones de subsistencia y su impacto en la demografía y el medio ambiente. Teotihuacán es el sitio clave para el estudio del urbanismo, el uso y la significación del espacio construido. Muy ligado a lo anterior se encuentran los trabajos sobre la astronomía antigua y su impacto en diversos ámbitos de la vida y el pensamiento cosmogónico.  Para inferir cuáles eran las condiciones de vida de la población, mediante el análisis de los esqueletos otros especialistas han establecido sus características físicas, así como diversos aspectos sobre la salud y las enfermedades que los afectaban.

 Vista de la Pirámide de La Luna antes de ser explorada. | © Archivo Instituto Nacional de Antropología e Historia

En particular, la investigación sobre la ideología, la cosmovisión y la religión ocupa un lugar preponderante, y comprende por lo general diversos aspectos del sistema calendárico, la astronomía, el pensamiento religioso y los sistemas de comunicación en las múltiples manifestaciones estéticas. Por otra parte, el estudio de los sistemas funerarios ha generado mucha información sobre el concepto de la muerte entre las antiguas culturas mesoamericanas. Para los antropólogos y arqueólogos, el mundo de los muertos es reflejo del mundo de los vivos.

Entre los investigadores dedicados a la investigación de la ideología, se comparte la idea de que los elementos del sistema de pensamiento son producto de una larga tradición histórica cuyos elementos centrales trascendieron el tiempo y el espacio.

Para los arqueólogos, ninguno de los múltiples aspectos señalados está desligado. En Teotihuacán, la conformación del espacio urbano mantiene un profundo sentido cosmológico, en tanto que su estructura formal, cumple una función primordial en la organización social y económica.

La disposición de cada espacio construido en la ciudad, sea un templo o una vivienda conformada por cuartos en torno a un patio o plaza central, replicaba a diferente escala la estructura del cosmos (como construcción social), tanto en el plano horizontal como vertical. Esta concepción del espacio construido daba congruencia y sentido a la vida cotidiana al establecer las normas de comportamiento y las reglas para la convivencia,  brindando también elementos para la cohesión e integración de una sociedad pluriétnica como la que habitó Teotihuacán.

Teotihuacán es un referente para la comprensión de los procesos significativos en la historia de la humanidad. Para los mesoamericanistas, la alusión a Teotihuacán es casi obligada, pues en muchos sentidos es la parte medular de la historia de Mesoamérica. Sin embargo, a pesar de que es el sitio arqueológico con la mayor superficie explorada y el lugar donde se han realizado mayor número de investigaciones, aún tenemos mucho por descubrir y conocer. Cada día nuevos hallazgos modifican las ideas planteadas anteriormente y mejoran nuestra comprensión de la sociedad teotihuacana. Como veremos a continuación, nuevos descubrimientos han venido modificando nuestra percepción sobre este majestuoso y enigmático lugar.

La disposición de cada espacio construido en la ciudad, sea un templo o una vivienda conformada por cuartos en torno a un patio o plaza central, replicaba a diferente escala la estructura del cosmos

Los orígenes de Teotihuacán

Teotihuacán fue resultado de un largo proceso de desarrollo que inició varios siglos antes de nuestra era. Previo al surgimiento de la ciudad, al menos en el Altiplano Central, no existía otro referente similar. Desde una época muy temprana, Teotihuacán se distinguió de otros asentamientos humanos existentes con excepción de Cuicuilco, ubicado al sur de la Cuenca de México, que fue uno de los centros con mayor desarrollo existentes cuando Teotihuacán apenas comenzaba a configurarse. En Teotihuacán se estableció un modo de vida diferente que transformó el proceso de lo que conocemos como la antigua civilización mesoamericana.

Los orígenes de Teotihuacán se remontan a cuatro o cinco siglos antes de nuestra era. Los primeros grupos llegados al pequeño valle  debieron dedicarse a la agricultura, la caza y la recolección, aprovechando los pocos recursos disponibles para su subsistencia. Los  grupos originarios se asentaron en este lugar conformando caseríos y posteriormente dieron origen a pequeñas aldeas.

Algunos autores han mencionado que la abundancia de la escoria volcánica (conocida como tezontle) como material de construcción y la presencia de manantiales en la región suroeste del valle, fueron determinantes para la elección de este lugar, y que tiempo después incidirían favorablemente en la construcción de la ciudad. Sin embargo, nuevos datos indican que ninguna de estas dos circunstancias (la abundancia del tezontle y la existencia de una zona muy fértil), habrían sido razón para elegir el asentamiento en el valle.

Figurillas femeninas de la fase Tzacualli-Miccaotli (1-250 d. C.) que portan gran tocado. | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Se ha señalado también que otro de los factores que incidieron en la elección del valle por los primeros teotihuacanos, sería la cercanía de los yacimientos de obsidiana gris.  Se localizan a unos 10 kilómetros, en las inmediaciones de Otumba y se explotaban antes de que Teotihuacán llegara a tener la importancia que alcanzó siglos después. En las fases iniciales la explotación de obsidiana gris, pudo ser  una actividad ocasional y temporal de antiguas aldeas dedicadas a la agricultura.

 

La obsidiana era el material con el cual se fabricaban toda clase de instrumentos punzo-cortantes, por lo que debió ser un material muy requerido, sin embargo, la explotación a mayor escala tuvo lugar mucho tiempo después, cuando los teotihuacanos explotaban a gran escala los yacimientos de obsidiana verde ubicados en la Sierra de las Navajas, en el estado de Hidalgo.

También se ha mencionado que la ubicación estratégica del valle en el sistema de comunicación con la Costa del Golfo y el Pacífico, pudo influir para que los primeros grupos eligieran este pequeño valle. Hasta el momento ninguna idea ha sido del todo concluyente, sin embargo, pensamos que un elemento simbólico-religioso por demás significativo tiene que ser considerado en conjunto con otros de carácter económico. Nos referimos a la montaña conocida como “Tenan”, “Nuestra Madre de Piedra”, que pudo jugar un papel determinante, incluso tiempo después, para la proyección y construcción del mayor santuario de su época.

Aproximadamente entre los años 200 y 1 antes de nuestra era, la población de Teotihuacán habría tenido un notable incremento. Quizá 10 mil personas ocupaban el valle. En aquellos tiempos comenzaron a construirse grandes obras hidráulicas destinadas a incrementar la productividad agrícola. Es posible que para entonces existiera un grupo que concentraba cierto poder y se encargaba de dirigir la construcción y dar mantenimiento a las obras hidráulicas. Al delegar las comunidades dicha responsabilidad, este grupo fue adquiriendo mayor poder y, paulatinamente, asumiría el control absoluto de la organización social y de la economía.

El incremento de la productividad agrícola fue un factor que sin duda favoreció el crecimiento de la población. Quizá para entonces los excedentes agrícolas y los obtenidos de una explotación más intensiva de las minas de obsidiana gris de Otumba sirvieron para empezar a construir los primeros templos. Algunos indicios obtenidos recientemente en nuestras excavaciones indican que para esos tiempos ya existía al menos el trazo de lo que más tarde sería la Calzada de Los Muertos.

Recientes investigaciones han revelado que ya en el primer siglo de nuestra era existían al menos dos santuarios; uno se ubicaba hacia el norte, donde se encuentra la Pirámide de La Luna; el otro estaba en donde siglos más tarde se construiría La Ciudadela.

Desde sus inicios y hasta el año 150 de nuestra era, la población continuó creciendo considerablemente. Es posible que un número importante de personas migraran a Teotihuacán como consecuencia de las erupciones del volcán Popocatépetl, sucedidas entre 50 antes y 50 después de nuestra era y que afectaron a varias comunidades de Puebla y Tlaxcala.

Se ha calculado que serían entre 25 y 30 mil personas las que residían en Teotihuacán en esta fase, dedicadas mayoritariamente a la agricultura, aunque el número de talleres asignados a la producción artesanal se iría incrementado. Para entonces la sociedad presentaba una marcada estratificación social y probablemente ya estaba separada en al menos dos clases sociales.

Teotihuacán se había constituido en un polo de atracción para las comunidades que se ocupaban de la explotación de los recursos en la Cuenca de México. Casi la mitad de la población de toda la Cuenca de México estaba concentrada en el valle.  Mucha gente de estas poblaciones seguramente vio la oportunidad de trabajo en los talleres artesanales y en la construcción de los primeros santuarios. El incremento en el número de las personas que se integraban a las actividades productivas, con seguridad generó excedentes que se emplearon en la construcción de los primeros edificios religiosos o templos.

Recientes investigaciones han revelado que ya en el primer siglo de nuestra era existían al menos dos santuarios; uno se ubicaba hacia el norte, donde se encuentra la Pirámide de La Luna; el otro estaba en donde siglos más tarde se construiría La Ciudadela. En ambos casos se trataba de edificios de carácter público, ligados al culto religioso, y eran ocupados por grupos de élite que ya para entonces conformaban la estructura de poder y con seguridad formaban parte de las primeras instituciones del Estado.

Para esta época probablemente un individuo habría asumido la responsabilidad de fungir como la cabeza del Estado. La prosperidad económica, la llegada de grupos humanos con diversas tradiciones culturales que se integraban a la vida social de la comunidad local, y la necesidad de mantener y armonizar las relaciones entre grupos sociales con diferentes intereses y modos de vida, habrían justificado la necesidad de contar con instituciones administrativas estatales. El gobierno actuaba como intermediario del Estado e instrumento de sometimiento de la clase dominante.

Esquema de la extensión de la ciudad de Teotihuacán en la fase Tzacualli (0-150 d. C.), calculada en cerca de 17 km2, con una población de 10 mil habitantes. | © Dibujo Rene Millon (1966)

La primer gran transformación de Teotihuacán: el paso hacia una sociedad compleja

Poco después del inicio de nuestra era, Teotihuacán ya era un asentamiento urbano que se extendía unos 15 kilómetros cuadrados. La población habría alcanzado las 75 mil personas. De ser parte de la red de vínculos económicos y sociales que integraba a todas las poblaciones del Altiplano Central y la Cuenca de México, Teotihuacán se posicionó en el centro de la red, obteniendo múltiples beneficios, lo que llegó incluso a transformar el patrón de asentamiento de toda la Cuenca de México.

Alrededor del año 150 de nuestra era, en lo que los arqueólogos denominan fase Miccaotli, se suscitaron una serie de cambios y transformaciones que modificarían el curso de la historia de Teotihuacán. La población continuaba creciendo rápidamente, de manera que la cantidad de alimentos necesarios para su mantenimiento debió ser mucho mayor.

Un hecho notable, recién descubierto durante nuestras excavaciones, dejó entrever la existencia de diferentes obras hidráulicas que sirvieron para irrigar los campos de cultivo existentes durante las primeras fases. Algunas son de grandes dimensiones y forman parte de un sistema orientado al incremento de la productividad agrícola. Sin embargo, también descubrimos que luego de casi dos siglos de uso, estas obras fueron clausuradas, rellenándolas intencionalmente, pues en varias partes el crecimiento de la mancha urbana había invadido los campos de cultivo.

Sobre las antiguas parcelas de cultivo se construyeron los conjuntos habitacionales y residenciales. Fue un proceso parecido al que ocurrió no hace muchos años en nuestro país, cuando la mancha urbana de la Ciudad de México invadió los fértiles campos de cultivo de Xochimilco; los canales ancestrales, que desde tiempos prehispánicos irrigaban las chinampas, fueron desecados para dar lugar a nuevos vecindarios, las calles y las grandes avenidas.

Al respecto, pensamos que el proceso de supresión de las obras hidráulicas solo pudo suceder por una decisión del Estado teotihuacano. Al verse superada la capacidad del valle para producir los alimentos necesarios para el sostenimiento de una población tan numerosa y en constante aumento, el Estado habría tomado la decisión de dejar de producir alimentos para importar los recursos que permitieran el sostén de los habitantes de la urbe. El cambio en la política económica (importación vs producción) debió calcularse bien a partir de una estrategia que asegurara el abasto. La estrategia del Estado fue la de hacerse y mantener el control absoluto de la antigua red de vínculos, así como de las élites de los sitios que formaban parte de esta: el Estado brindaba legitimidad y respaldo político o militar a las élites locales para asegurarse el abasto de alimentos y de otros recursos. Estableció así una relación de dependencia política, la cual fue seguida por una de tipo económica, con lo que mantuvo el control de múltiples comunidades.

 

Mapa de La Cuenca de México donde se muestran los vínculos que debió establecer Teotihuacán al posicionarse en el centro de una extensa red que se expandió a otras regiones | © Modificado de Sanders (1978)

El auge de Teotihuacán

Hacia el año 250 de nuestra era, Teotihuacán tenía una presencia importante en la economía regional y mantenía múltiples vínculos con regiones distantes. Además de ser un santuario, se transformó en el mayor centro de producción, distribución y consumo de toda clase de bienes mostrando un desarrollo económico sin precedentes. Esto generó una riqueza que transformaría la ciudad y el modo de vida de sus habitantes. Desde entonces la ciudad casi adquirió la fisonomía que hoy conocemos.

Antes ya señalamos la existencia de varios edificios públicos de grandes dimensiones. En el lugar donde existía un importante santuario, comenzó la construcción de lo que hoy conocemos como La Ciudadela. Para ello, los teotihuacanos demolieron los antiguos edificios que formaban parte de ese primer santuario. Además, a diferencia de lo que antes se pensaba, las últimas investigaciones de Saburo Sugiyama indican que entre 200 y 250 de nuestra era se empezó la construcción de La Pirámide del Sol.

Además de ser un santuario, se transformó en el mayor centro de producción, distribución y consumo de toda clase de bienes mostrando un desarrollo económico sin precedentes.

Aunado al cambio en la estrategia implementado por el Estado para asegurar el abasto de alimentos, en el siglo II y III de nuestra era se registraron otros eventos importantes: el primero fue el cambio en la orientación de los edificios; el segundo fue el uso de un nuevo material empleado en la construcción.

La ciudad inició un proceso de reconstrucción de grandes dimensiones en el que se involucró a gran parte de la población que residía en el valle. Mediante los trabajos desarrollados recientemente descubrimos que la orientación de los edificios que conformaban la ciudad fue modificada en 3 o 4 grados, lo que significó una corrección al trazo para tener una correspondencia solar precisa con el sistema calendárico. La ubicación de los tres principales monumentos marca la segmentación del tiempo en periodos que se vinculan con la cuenta de los días en trecenas y veintenas. Fue un esfuerzo sin precedentes para acatar una decisión que solo pudo provenir del Estado teotihuacano. La orientación de los edificios más antiguos de Teotihuacán era de 11° al este del norte, en tanto que la nueva disposición adoptada fue de 15°, una diferencia aparentemente menor (de tan solo 3 o 4 grados) pero que implicó un trabajo monumental.

Los primeros edificios estaban construidos con adobe y bloques de tepetate unidos con barro, sin embargo, a partir del año 150 de nuestra era, todos los edificios se reconstruyeron utilizando tezontle como el principal material de construcción. Por sus cualidades el tezontle, un material que no se empleaba anteriormente, debió constituir un elemento clave para el desarrollo de la arquitectura.  Es un material más ligero, fácil de trabajar y abunda en el subsuelo de Teotihuacán. El descubrimiento y uso masivo del tezontle como un material de construcción, constituyó una innovación técnica que transformó la arquitectura teotihuacana. 

Tratemos de imaginar la gran cantidad de personas acarreando materiales para la construcción utilizando únicamente el mecapal; pensemos por un momento en lo que implicaría que en la actualidad hubiera que modificarse el trazo de cualquier ciudad en el mundo.

Comienza así una etapa de auge y prosperidad para una ciudad que había inaugurado un modo de vida urbano.  La edificación de los grandes monumentos, la construcción y mantenimiento de las calles, los sistemas de abastecimiento y conducción de aguas residuales, entre muchas otras cosas, debió ser una tarea monumental y debió disponerse de una gran cantidad de fuerza de trabajo. Ello implicó la posibilidad de contar con enormes recursos, mano de obra suficiente y, sobre todo, la capacidad para organizar el trabajo de manera eficiente.

La población de la ciudad fue partícipe del auge económico. Las residencias comenzaron a incluir pinturas murales y el uso de la argamasa y estuco para aplanados y pisos debió ser algo común. El nivel de vida de la población en general debió ser muy alto.

La pintura mural, en su origen exclusiva de los edificios públicos y templos, se incorporó ampliamente a la arquitectura residencial como símbolo de estatus. Muchas residencias de la élite plasmaron en sus paredes escenas y motivos religiosos o míticos; en otros casos hacían referencia a elementos que reforzaban su pertenencia a un linaje.

la orientación de los edificios que conformaban la ciudad fue modificada en 3 o 4 grados, lo que significó una corrección al trazo para tener una correspondencia solar más precisa. Fue un esfuerzo sin precedentes para acatar una decisión que solo pudo provenir del Estado teotihuacano.

Ejemplo de la pintura mural. | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Extensión de la ciudad de Teotihuacán en la fase Xolalpan (350-550 d.C.), con 22.5 km2 y una población de 150 a 175 mil habitantes. | © Dibujo Rene Millon (1966)

El conjunto urbano

Hacia el año 200 d. C. la gran mayoría de las antiguas parcelas de cultivo habían desaparecido. Paulatinamente fueron siendo ocupadas por los conjuntos habitacionales y residenciales, así como por otros edificios y espacios que integraban comunidades en barrios. Los espacios que antiguamente separaban las parcelas y por donde corrían los canales se transformaron en calles. Los canales fueron tapados intencionalmente y los conductos de agua no sirvieron más para regar los campos de cultivo, transformándose en los drenajes ubicados en el centro de las calles, es decir, colectaban el agua residual de los conjuntos.

Las antiguas parcelas se transformaron en manzanas limitadas por calles casi perfectamente alineadas. Así, de una en una, cada manzana construida integró el conjunto urbano, dando lugar a uno de los mejores ejemplos de urbanismo en el mundo. Cuando observamos el plano de todo el conjunto urbano, podemos notar una disposición excepcional de cientos de construcciones, formando un trazo ortogonal casi perfecto.

Vista aérea de las excavaciones en el barrio de La Ventilla en 1992. | © Jesús Eduardo López

Antes los arqueólogos pensaban que el desarrollo y crecimiento de la ciudad se había dado de norte a sur. Nuestras excavaciones en La Ciudadela demostraron que esta suposición no es correcta y que tanto el crecimiento como el desarrollo del conjunto urbano fue un proceso más rápido y ocurrió al menos desde dos extremos: por el norte desde lo que podría haber sido un primer santuario en el espacio donde se ubica La Pirámide de La Luna y el área conocida como Oztoyahualco; por el sur, en torno a un complejo arquitectónico que funcionaba como un santuario, justo en el lugar donde más tarde se construiría La Ciudadela.

El conjunto urbano debió alcanzar su máxima extensión en la fase Tlamimilolpa (250 d. C.) e inicios de la fase Xolalpan (450 d. C.), y el número de habitantes pudo seguir aumentando. Las residencias y viviendas de la población variaban en cuanto a la dimensión de sus espacios internos, sin embargo, se mantenía el patrón de distribución espacial: siempre un espacio abierto, ya fuese un patio o una plaza de planta por lo general cuadrada y hundida, limitado a los cuatro lados por espacios cerrados, ya fuesen cuartos, aposentos o templos dispuestos sobre basamentos, los cuales se integraban formando unidades arquitectónicas; este fue un modelo que, hoy sabemos, pudo ser más antiguo y que Teotihuacán adoptó para su arquitectura.

La comunicación entre diferentes unidades arquitectónicas se realizaba mediante un sistema de circulación que incluía pasillos, pórticos y traspatios, aprovechando eficientemente el espacio, ya fuese para la circulación o bien para iluminar y ventilar los espacios cerrados, pues como sabemos los recintos no tenían ventanas.

No hay duda de que la ciudad fue resultado de una planeación proyectada por arquitectos que revolucionaron el modo de vida en Teotihuacán. Dicha planeación se aprecia en al menos tres aspectos: a) la orientación que mantienen todas las construcciones, b) la estandarización de los conjuntos arquitectónicos en los que se reproduce el patrón de distribución espacial ya mencionado, y c) el extraordinario manejo del agua, por medio del sistema de drenaje que corría oculto bajo las calles.

En su tiempo, la ciudad debió constituir una visión y un modelo impactante en la mentalidad de quien pudo contemplarla entonces. Los enormes volúmenes de basamentos como los de las pirámides del Sol y de La Luna, emulaban de manera metafórica las montañas creadas por los dioses. De igual forma, el manejo de la perspectiva visual resulta sorprendente cuando se descubre la manera como se integró la arquitectura al paisaje natural.

En el complejo de La Ciudadela se encuentra otro ejemplo de la arquitectura concebida como elemento discursivo, pues no solo se distingue por su concepción de horizontalidad contenedora: fue concebida y construida para servir como un escenario de tipo ritual, para dar cabida a las más de cien mil personas que año con año participaban en los rituales que reactualizaban el inicio del tiempo mítico. La Ciudadela es uno de los escenarios rituales más sorprendentes, pues fue concebida para que la población viviera en cualquiera de sus tres grandes complejos arquitectónicos, un encuentro con lo sagrado, una experiencia religiosa.

Recientes descubrimientos realizados en el marco del proyecto que el autor de este artículo dirige para la conservación del Templo de La Serpiente Emplumada, mostraron que la gran plaza de La Ciudadela se inundaba cada año durante la temporada de lluvias. En este magno escenario ritual debieron celebrarse  los rituales y ceremonias que reactualizaban el mito de la creación original. El Templo-Montaña de La Serpiente Emplumada se habría visto emergiendo del mar primigenio (representado por la gran plaza inundada), tal como los dioses habrían hecho al ordenar que sugiera y se levantara la montaña sagrada, el cerro de los mantenimientos. Se materializaba así el inicio del tiempo mítico, el momento de la creación original.

La gran plaza de La Ciudadela se inundaba cada año durante la temporada de lluvias. En este magno escenario ritual debieron celebrarse los rituales y ceremonias que reactualizaban el mito de la creación original. El Templo-Montaña de La Serpiente Emplumada se habría visto emergiendo del mar primigenio

Estructura del conjunto urbano

El conjunto urbano se conforma por más de 2 200 conjuntos arquitectónicos distribuidos sobre una superficie de casi 22 km2. Está constituido por los edificios piramidales que soportaban templos, las grandes plazas, las avenidas como la de Los Muertos (con una longitud de más de 3 km) y las numerosas calles que constituían un extraordinario sistema de circulación. La ciudad se componía también de cientos de conjuntos arquitectónicos que servían como vivienda de los grupos domésticos. Estos conjuntos estaban integrados a los barrios, que se diferenciaban entre sí por las actividades productivas que en ellos se realizaban, la pertenencia a diferentes etnias y el culto a deidades patronales comunes.

Sin embargo, hay tres grandes complejos arquitectónicos que constituyen la parte medular del conjunto urbano: a) el complejo de La Pirámide de La Luna, ubicado al final de la Calzada de los Muertos, b) el complejo arquitectónico de la Pirámide del Sol, al este de la misma calzada y c) el complejo de La Ciudadela, localizado al sur del canal conocido como el río San Juan.

El conjunto urbano es una materialización del pensamiento cosmogónico. No solo nos sorprende la monumentalidad de los basamentos piramidales principales de estos grandes complejos, en cuya construcción debieron empelarse miles de personas durante varios siglos, nos asombra su diseño y disposición, que tienen que ver con aspectos como su integración con el entorno natural, la astronomía y el sistema calendárico. Por ejemplo, la perspectiva que tiene una persona que camina de sur a norte por la Calzada de Los Muertos, es la de la Pirámide de La Luna, que se sobrepone al cerro Gordo, sin embargo, apenas se ingresa a la plaza de La Luna, la montaña queda completamente oculta. Sin lugar a dudas se trata de un manejo intencional de la perspectiva visual por parte de los arquitectos teotihuacanos, que aprovecharon notablemente los elementos del paisaje natural.

Vista de una unidad doméstica en un conjunto habitacional ocupado por artesanos lapidarios.  | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Vista aérea del Complejo arquitectónico de la Pirámide de la Luna.  | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Otro ejemplo lo tenemos en la Pirámide del Sol, cuya ubicación se corresponde con la salida y puesta del sol en fechas específicas; por tanto, constituye una referencia con el sistema calendárico. Los estudiosos de la astronomía antigua se percataron de que desde el momento en que se pone el sol el 29 de abril frente a la fachada principal, transcurren 52 días para que el sol llegue hasta el punto más alejado al norte; luego el sol tardará otros 52 días más en “volver”, para colocarse nuevamente frente a la pirámide en el ocaso del 13 de agosto (puesto en números, 52 + 52 = 104 días). A partir de este momento el sol comienza su recorrido al sur, y tarda 260 días en ir y regresar al punto inicial el 29 de abril, completando el ciclo (es decir, 104 + 260 = 364 días). Por ello, se puede considerar a la Pirámide del Sol como uno de los marcadores astronómicos más grandes construidos por la humanidad, pues su ubicación conjuga los dos elementos del sistema calendárico mesoamericano: El ritual de 260 y el solar de 360 días.

Antes señalamos que hacia el año 200 o 250 d. C. en Teotihuacán se inició un proceso de cambio que incluyó una intensa actividad constructiva y la transformación del espacio urbano. Debió ser un proceso asombroso que daría como resultado la integración de comunidades en lo que hoy definimos como barrios. Hace ya tiempo, cuando se pudo completar el plano de la ciudad, algunos arqueólogos plantearon la hipótesis de que la urbe estaba conformada en barrios, sin embargo, no se contaba con más información para conocer aspectos particulares de esta forma de organización.

De igual manera se pensaba que la ciudad estaba ordenada en un sentido concéntrico, es decir, la parte ceremonial y pública se ubicaba al centro, rodeada por las residencias de la élite; luego vendrían las viviendas de los artesanos y finalmente, circundando todo el espacio urbano, el área agrícola que daba sustento a la ciudad.

Las excavaciones que dirigió el arqueólogo Rubén Cabrera en La Ventilla, donde tuve oportunidad de colaborar por más de una década, pusieron al descubierto diferentes conjuntos arquitectónicos, lo que nos permitió conocer la estructura formal y espacial de los barrios. También logramos deducir cuál era la función de cada conjunto y saber no solo qué grupos los ocupaban, sino también las actividades que se desarrollaban cotidianamente en ellos.

 

Vista de la fachada y parte del Complejo Arquitectónico de la Pirámide del Sol. | © Archivo Instituto Nacional de Antropología e Historia

Gracias a estas excavaciones y descubrimientos, hoy sabemos que en el centro de cada barrio debió existir una plaza pública en la cual se instalaba el mercado temporal o tianguis, donde se llevaban a cabo las festividades de la comunidad e incluso posiblemente se jugaba a la pelota, como parte de las actividades rituales. De acuerdo con Galinier, el espacio de la plaza pública era reconocido como una versión reducida del universo y el lugar donde los diferentes grupos sociales participaban de las experiencias sagradas.

Plano general de la ciudad de Teotihuacán elaborado por Rene Millón, de la Universidad de Rochester | Mapa Rene Millon (1973)

Cercano a la plaza principal, en el centro de cada barrio había un edificio público que fungía como el Templo de Barrio, y otros de carácter institucional que cumplían funciones administrativas o de gobierno. Estaban también los conjuntos residenciales ocupados por las familias de las élites de cada barrio así como numerosos conjuntos habitacionales ocupados por los artesanos y grupos dedicados a la producción directa de diferentes bienes y de servicios.

Cada barrio contaba con espacios de uso común, donde por ejemplo se ubicaban los pozos artesianos de los que se extraía el agua que servía para el uso diario de las familias ocupantes de los diferentes conjuntos.

 

La organización de la ciudad en barrios fue crucial para el control de la población por parte del Estado. En cada barrio los templos no solo eran espacios para el culto, pues junto con los demás edificios públicos cumplían funciones administrativas y de gobierno, captando importantes recursos mediante el tributo o cobro de impuestos. Parte de la riqueza producida en los múltiples talleres de cada barrio era canalizada hacia la autoridad central, que invertía los recursos en las grandes obras públicas; otra parte de este recurso servía en parte para el sostén de las élites gobernantes de los barrios.

Los resultados de las excavaciones en el antiguo barrio de La Ventilla, evidenciaron que la estructura del conjunto urbano muestra una vinculación más compleja entre diferentes sectores y clases sociales, de manera que había una interacción más estrecha, por lo que quedó descartada la visión concéntrica de la ciudad.

Sobre el origen del talud y tablero y la organización del espacio

Es bien conocido el sistema de construcción que le dio a Teotihuacán un carácter que permite reconocerlo como propio. El talud y tablero que se observa en casi todos los edificios, sin duda alguna es un elemento distintivo de la arquitectura teotihuacana. Investigaciones llevadas a cabo en el valle poblano-tlaxcalteca por el arqueólogo Ángel García Cook, evidenciaron que el talud y tablero se pudo originar en esa región, sin embargo, Teotihuacán lo adoptó para sus construcciones convirtiéndolo en el sello propio de su arquitectura.

Hemos observado que en las primeras fases el talud y tablero que se usaba en Teotihuacán era distinto: el tablero carecía de la moldura inferior muy semejante al que existía en la región de puebla Tlaxcala.  El tablero cerrado por sus cuatro lados fue un elemento característico de la arquitectura teotihuacana que muchos sitios integraron a sus edificios para denotar vínculos con la gran urbe.

Antes señalamos que una de las características del arreglo espacial en la arquitectura teotihuacana es la disposición de espacios cerrados o techados (cuartos, templos, pórticos o aposentos) distribuidos en torno a un espacio abierto (patio o una plaza cuando tiene altar). Este modelo también tiene su referente en la disposición de tres basamentos piramidales orientados hacia una plaza, lo cual es muy común en Teotihuacán, y se conoce como el “Complejo de Tres Templos”. Este modelo, presente ya en una de las fases iniciales de la urbe (Patlachique, 200-1 a. C.), en apariencia tampoco tuvo su origen en Teotihuacán, sino que es resultado de una larga tradición de muchos siglos atrás desarrollado en el valle poblano-tlaxcalteca.

La unidad de medida teotihuacana y la proporción geométrica

Hace ya tiempo que algunos investigadores plantearon la existencia de un sistema o unidad de medida para la construcción de una ciudad con las características de Teotihuacán. Saburo Sugiyama propuso que la unidad de medida empleada en Teotihuacán debió corresponder a 83 cm, al encontrar una correspondencia de múltiplos de esta unidad con las dimensiones y disposición de diferentes edificios.

Otra propuesta fue formulada por el arqueólogo Jesús Mora, quien estableció que los teotihuacanos (como hicieron también otras culturas mesoamericanas) utilizaron la proporción geométrica denominada Phi (Φ), también conocida como número de oro o sección áurea, que es la relación o proporción entre dos segmentos de una recta, lo que constituye una construcción geométrica. Las mediciones de Jesús Mora demostraron que la construcción de la ciudad, al igual que la manufactura de las esculturas, la pintura mural y múltiples objetos, fueron elaborados con base en la proporción geométrica o sección áurea.

En apoyo a la idea del uso de la proporción geométrica, podemos mencionar el descubrimiento que hicimos, junto con el arqueólogo Rubén Cabrera, de una figura geométrica trazada en un piso y conformada por dos grandes círculos con radios diferentes que se interceptan, y en cuyas circunferencias se aprecian marcas generadas por el compás, muestra evidente del manejo que tenían los teotihuacanos de conceptos geométricos.

 Los teotihuacanos utilizaron la proporción geométrica denominada Phi (Φ), también conocida como número de oro o sección áurea, que es la relación o proporción entre dos segmentos de una recta, lo que constituye una construcción geométrica.

Los barrios foráneos en Teotihuacán

Desde sus inicios, Teotihuacán se constituyó como una comunidad pluriétnica, conformada por grupos que procedían de diferentes lugares y hablaban distintas lenguas. Grupos de diversas comunidades debieron llegar a Teotihuacán y con el paso del tiempo, luego de muchas generaciones de residir en el valle, conformarían un sistema particular que los definiría como teotihuacanos étnicos. Al integrarse diversas tradiciones culturales, se conformaría un modo de vida particular que podemos identificar como teotihuacano.

El transcurrir del tiempo y su posición como el gran santuario religioso, hizo de Teotihuacán una ciudad cosmopolita. Personas y grupos de multitud de sitios y regiones debieron llegar día con día a la ciudad y permanecer solo por algún tiempo antes de regresar a sus comunidades. Los peregrinos que llegaban a este gran santuario requerían de múltiples servicios, lo que sin duda repercutía favorablemente en la economía de la ciudad.

El transcurrir del tiempo y su posición como el gran santuario religioso, hizo de Teotihuacán una ciudad cosmopolita. Personas y grupos de multitud de sitios y regiones debieron llegar día con día a la ciudad y permanecer solo por algún tiempo antes de regresar a sus comunidades.

Vaso con elementos de la iconografía maya, localizado en las cercanías del barrio de los comerciantes.  | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

 Alrededor del año 200 se produjo quizá la migración masiva de los habitantes de la antigua ciudad de Cuicuilco, ubicada al sur de la Cuenca de México. Anteriormente se pensaba que la erupción del Xitle habría ocurrido mucho tiempo antes, sin embargo, hoy se sabe que la catástrofe natural que cubrió e hizo desaparecer Cuicuilco sucedió mucho tiempo después de lo pensado, en el siglo III de nuestra era, es decir, cuando Teotihuacán tenía una presencia muy amplia en Mesoamérica. La desaparición de Cuicuilco hizo que Teotihuacán se quedara sin su mayor competidor, obteniendo con ello nuevos vínculos y haciendo crecer la antigua red para su beneficio.

Se sabe que alrededor del 200 o 250 de nuestra era, llegaron a Teotihuacán grupos de migrantes que decidieron establecerse de manera permanente. Hasta el momento se han descubierto evidencias de un barrio maya, un barrio zapoteca y un conjunto habitacional ocupado por familias originarias de lo que actualmente es el Estado de Michoacán.

Al este de la Pirámide del Sol se localizó un conjunto de estructuras arquitectónicas con espacios sobre plataformas circulares. Fueron ocupados por familias que mantenían vínculos con la Costa del Golfo de México, y es muy posible que se hubiesen dedicado al comercio. Esta actividad pudo ser retomada posteriormente por personas que mantenían relaciones con los mayas y que se dedicaron a la importación de jade, ámbar y cacao, entre otros productos. Los estudios de isótopos de oxígeno realizados en piezas dentales de esqueletos recuperados en los enterramientos, sirven para determinar el lugar de nacimiento de una persona y su movilidad en vida. Los resultados indicaron que los hombres viajaban constantemente y permanecían ausentes durante mucho tiempo; en cambio, las mujeres eran nativas de la ciudad y jamás salieron de Teotihuacán.

En el extremo oeste de la ciudad, ya en las faldas del cerro Colorado, se ubicaba el barrio zapoteca, constituido por varios conjuntos agrupados en lo que se ha definido como un barrio foráneo. Las tumbas bajo los templos y otros materiales importados de la región de Oaxaca confirmaron el origen étnico de este grupo.

En las inmediaciones del barrio zapoteca tuve la oportunidad de explorar un conjunto donde residieron personas migrantes de lo que hoy es el estado de Michoacán. Estos migrantes mantuvieron la costumbre de sepultar a sus muertos en tumbas de tiro, e incluían en las ofrendas materiales importados. De su modo de vida original también preservaron la manera de preparar los alimentos, e incorporaron ciertos rasgos de sus localidades originarias en la arquitectura de sus nuevas viviendas.

Figurilla de un posible jugador de pelota con rasgos diferentes a los teotihuacanos. Fue localizada en las cercanías del barrio de los comerciantes.  | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Los estudios de isótopos de oxígeno y de estroncio en los huesos largos mostraron que algunos individuos nacieron en Teotihuacán y permanecieron largos periodos en Michoacán, donde seguramente aprendieron la lengua materna. Otros individuos nacieron fuera y llegaron a vivir a Teotihuacán, donde murieron y fueron sepultados. En este conjunto encontramos tumbas similares a las del occidente de México y también a las de Oaxaca. En una de ellas localizamos los restos de una mujer, lo que indica que posiblemente hubo un matrimonio entre individuos de ambos grupos, y que la mujer fue a vivir a la casa del esposo.

Durante siglos estos grupos preservaron y mantuvieron algunas de las costumbres y tradiciones de sus lugares de origen, su vestimenta y su idioma. La conservación de estos elementos proporcionaba cohesión al grupo y la posibilidad de mantener el control de los recursos que les permitían subsistir, ya sea participando en el sistema de intercambio o bien ofreciendo algún servicio.

Como grupos minoritarios, debieron enfrentar la hostilidad de los propios teotihuacanos, de tal manera que implementaron estrategias para ampliar su capacidad de negociación política. Una estrategia habría sido la alianza entre minorías étnicas mediante enlaces matrimoniales.

Figurillas importadas del Estado de Michoacán.  | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Las evidencias indican que estos grupos pudieron estar vinculados al comercio de productos de sus lugares de origen. El conocimiento de los caminos, la lengua y los recursos habrían facilitado esta actividad. Otros quizá se dedicaron al trabajo artesanal especializado. Con el tiempo estos grupos étnicos foráneos fueron adoptando las tradiciones locales, integrando a su modo de vida nuevos patrones de conducta, dando lugar a lo que podría llamarse etnogénesis.

A propósito del sistema de escritura en Teotihuacán

Durante mucho tiempo existió la duda de si Teotihuacán contaba con un sistema de escritura. Muchos autores se abocaron al estudio de las imágenes y los símbolos plasmados en diferentes medios (pintura mural, decoración de cerámica) para tratar de encontrar y establecer significados e interpretaciones. Los hallazgos de varias decenas de glifos pintados en un piso en el barrio de La Ventilla, nos llevaron a proponer, junto con el lingüista Timothy King, la hipótesis de que estos glifos eran parte de un sistema de escritura, cuyas características eran similares a las empleadas en la elaboración de algunos códices durante el periodo postclásico. 

El estudio realizado de los glifos nos llevó a proponer que la lengua dominante hablada en Teotihuacán pudo ser un antecedente del náhuatl que denominamos Proto Nahuatl pochuteco.

Glifos topónimos de Mazacoatl (Venado-culebra) y Huitzitlan (Colibri). Al centro, la mancha de pintura derramada por el pintor.  | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Algunas características antropofísicas de los teotihuacanos

La antropología física se ha encargado del estudio de las características de la población de Teotihuacán. Gracias al análisis realizado principalmente sobre los huesos de los esqueletos encontrados en enterramientos, se sabe que en promedio los hombres medían 1.65 m de altura, mientras que la estatura de las mujeres era de 1.55 m. Se sabe también que la esperanza de vida de la población residente en la ciudad era de 35 años en promedio.

Como en cualquier sociedad, las personas padecen enfermedades que les afectan y que pueden llegar a ocasionarles la muerte. Las condiciones de salud, la dieta y los hábitos alimenticios, la exposición a ciertos elementos, las enfermedades, así como las condiciones sociales, inciden de diferente manera a las personas. En Teotihuacán, las principales enfermedades de la población eran la osteoartritis, las gastrointestinales y la osteomielitis. Padecían diversos padecimientos bucales causados principalmente por malos hábitos de higiene que producían sarro. La excesiva acumulación de sarro dañaba la estructura del soporte y a la larga producía la pérdida de piezas dentales.

La alimentación de los antiguos teotihuacanos la conocemos por los restos de semillas y de animales recuperados en las excavaciones; estas incluyen maíz, amaranto, chile, tomate, verdolagas, aguacate, chía, calabaza y capulín, entre otros; los restos de fauna comprenden venado, conejo, pecarí, tiburón, mantarraya, codornices, tortuga y algunos más. Sin embargo, y gracias a los estudios que se realizan en laboratorios especializados, hoy podemos saber que en general la dieta de la gente común era muy variada, y que tenían acceso a múltiples recursos alimenticios, incluyendo proteína de animales terrestres y marinos.

Cráneo de un individuo que fue decapitado; pertenece a un adulto con deformación craneal.  | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Tres prácticas culturales que encontramos entre los teotihuacanos eran la mutilación dental, la incrustación dental y la deformación craneal. Por las imágenes de algunas figurillas es posible que algunos individuos pudieran haber ornamentado su cuerpo mediante escarificaciones en la piel, tatuajes y la perforación y expansión de los lóbulos de las orejas y el labio para colocar orejeras y bezotes.

En un estudio realizado sobre los enterramientos en un antiguo barrio de la ciudad, registramos un alto número de esqueletos de individuos infantiles, en comparación con los adolescentes y los adultos. La alta mortandad infantil pudo ser debida a diversas causas, entre ellas la edad prematura de las madres y las enfermedades gastrointestinales, derivadas de las malas condiciones de salud e higiene. Observamos que un número importante de individuos infantiles (perinatos) carecían de huellas de estrés, producido por la enfermedad que finalmente terminó con su vida. Esto nos ha llevado a pensar que muchos de los individuos perinatos que registramos, pudieron ser objeto de prácticas rituales como el sacrificio humano.

El sacrificio humano fue una práctica muy extendida entre los teotihuacanos, y se realizaba en varios niveles. A nivel personal se practicaba el autosacrificio, seguido del que se realizaba a nivel de grupo doméstico o familiar. Debió practicarse también el sacrificio de personas a nivel de comunidad en cada barrio y de una manera mucho más amplia en los grandes monumentos, en presencia de un gran número de personas, teniendo un carácter público. Al respecto, se debe considerar que este tipo de prácticas rituales debe ser entendido y visualizado en el contexto de la sociedad en la cual se realiza y que, en el caso de las culturas mesoamericanas, debió regirse bajo el principio de reciprocidad: dar a los dioses para recibir de los dioses.

Murales de Tepantitla, Teotihucan. “El Tlalocan” o “Paraíso de Tlaloc”. | © OCTL

Espacio, sociedad y cosmovisión

Vínculos con otras regiones de Mesoamérica

Para sostener a una población de 200 000 personas la ciudad debía importar casi 100 toneladas de maíz diariamente, sin embargo, se necesitaban otros recursos alimenticios además de materias primas y otros bienes. Podemos imaginar enormes caravanas de personas cargando a cuestas, solo con ayuda de un mecapal, los productos que abastecían los mercados. Algunas de estas debieron tardar días, semanas o meses en llegar a la ciudad.

Durante mucho tiempo los arqueólogos se preguntaron cómo y de qué tipo era la relación que mantuvo Teotihuacán con otras comunidades y grandes ciudades y otras sociedades contemporáneas. Conforme se han realizado más excavaciones en lo que se considera el territorio mesoamericano, nos damos cuenta de que Teotihuacán mantenía diferentes clases de vínculos y una interacción muy dinámica con las comunidades, sitios o incluso sociedades igualmente complejas.

Hemos señalado en varias ocasiones que durante el primer siglo de nuestra era, Teotihuacán se había posicionado en el centro de una extensa red de vínculos económicos y sociales. Señalamos que, al ubicarse en el centro de la red, el sistema teotihuacano extendió sus alcances de una manera exponencial, de tal manera que los vínculos con otros lugares fueron cada vez más numerosos. La red de vínculos funcionaba de la misma manera que funcionan las redes libres de escala, no habiendo un límite para obtener y seguir estableciendo más vínculos, lo que favorece el crecimiento de la red hasta límites insospechados. Hoy en día sabemos que la interacción cultural de Teotihuacán se extendió hasta el norte de Mesoamérica, el occidente de México, las culturas del Golfo y la zona maya en el sureste mexicano y Centroamérica.

Muestra de jades importados de Guatemala recuperados en el túnel bajo el Templo de La Serpiente Emplumada.  | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Hoy en día sabemos que la interacción cultural de Teotihuacán se extendió hasta el norte de Mesoamérica, el occidente de México, las culturas del Golfo y la zona maya en el sureste mexicano y Centroamérica.

Teotihuacán necesitaba de numerosos y variados recursos de tal manera que mantenía vínculos con regiones o lugares de donde podía obtenerlos, que incluían toda clase de productos alimenticios (semillas, frutos, peces, animales de caza, entre muchos otros), materiales empleados para la construcción como la cal y en la decoración de muros, lo que comprende muchos y variados pigmentos de origen mineral; también debieron importarse a la ciudad materiales para la vestimenta, algodón y mantas. De lugares más lejanos provenían las plumas, el jade, el ámbar y otros recursos minerales usados para decorar objetos o para usos rituales, como el cinabrio. Conforme las élites fueron haciéndose más numerosas, se requerían más y más objetos de lujo, pues la ostentación sirve para incrementar el distanciamiento social y para justificar una posición de clase, algo que parecería ser una condición necesaria en este tipo de sociedades.

Al constituirse la sociedad teotihuacana por la integración de diversos grupos étnicos, y posteriormente con la llegada de diversas comunidades, la variedad de recursos requeridos y ofrecidos en los mercados debió ser muy amplia. Día con día debieron llegar toda clase de productos procedentes de las regiones y lugares más distantes. Los mercados debieron abarrotarse con los productos, los mercaderes que los ofrecían y con quienes los adquirían. Quizá debió existir un mercado principal en la ciudad, pero también debieron instalarse mercados o tianguis en cada barrio.

Podemos imaginar enormes caravanas de personas cargando a cuestas, solo con ayuda de un mecapal, los productos que abastecían los mercados. Algunas de estas debieron tardar días, semanas o meses en llegar a la ciudad.

Escultura en cerámica de un personaje que sostiene dos ollas con tapas removibles.  | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

Podemos imaginar enormes caravanas de personas cargando a cuestas, solo con ayuda de un mecapal, los productos que abastecían los mercados. Algunas de estas debieron tardar días, semanas o meses en llegar a la ciudad.

Teotihuacán invade las tierras mayas y conquista Tikal

El año 378 d. C. constituye una fecha importante para Teotihuacán, pues en alianza con otras ciudades mayas, se llevó a cabo la conquista militar de la ciudad más poderosa de aquel territorio. Registros epigráficos señalan que un militar de nombre Sihyaj K’ahk’, que significa Fuego Naciendo, habría pasado por varios sitios mayas importantes antes de llegar a Tikal. Un año después Yax Nuun Ayiin (traducido como Primer Caimán), quien era el hijo del gobernante de Teotihuacán, llamado Atlatl Cuauc o Búho Lanzadardos, se erigiría como gobernante de Tikal, luego de que el gobernante de la ciudad había “entrado al agua”, es decir, había muerto, posiblemente asesinado por los extranjeros.

Dibujo de la estela 31 de Tikal, Guatemala, que muestra la figura de Yax Nuuun Ayiin con atavíos teotihuacanos.

379 d.C.: Tras una conquista militar, Yax Nuun Ayiin, Primer Caimán, hijo  del gobernante de Teotihuacán, llamado Atlatl Cuauc o Búho Lanzadardos, se erigiría como gobernante de Tikal

La incursión de Teotihuacán en la zona maya se produce quizá poco después de un rompimiento con las élites mayas que residían en la urbe. Es posible que algunos miembros de esta embajada maya que vivía en el centro de México fueran sacrificados por algún motivo aún desconocido.

La conquista militar emprendida por Teotihuacán debió implicar un alto costo económico, considerando el necesario sostenimiento de las milicias en lugares tan distantes. Imaginemos la larga y fastuosa travesía de los ejércitos teotihuacanos cargando sus implementos para la guerra. El alto costo de la guerra valdría la pena, pues Teotihuacán estaba interesado en obtener los ricos y variados recursos naturales que controlaba Tikal.

Las relaciones con los mayas no eran nuevas; existían desde el primer siglo de nuestra era. Se tienen evidencias interpretadas como testimonios de vínculos políticos entre las élites mayas de la Costa del Pacífico y el Altiplano Central, cuya capital era Kaminaljuyu.

 El Estado teotihuacano y el sistema de gobierno

En la actualidad se sigue discutiendo cómo se puede caracterizar a la sociedad teotihuacana en términos de organización social y política. Hasta hace poco tiempo, al referirse a la forma de organización social de Teotihuacán, algunos arqueólogos aludían a ella ₋₋de manera equivocada₋₋ como una sociedad teocrática. Esta percepción expuesta desde hace algunas décadas persiste. Se hablaba de que Teotihuacán había sido gobernada por sacerdotes, siendo la religión el factor principal de cohesión social. Otros autores se referían a Teotihuacán como una sociedad militarista.

Para nosotros, una sociedad no se define ni caracteriza por la manera particular como se ejerce el poder (de manera coercitiva, o mediante la religión, por ejemplo), sino por la forma como se establece la propiedad de los medios e instrumentos de producción y la manera en que se relacionan las diferentes clases sociales que componen la sociedad. Dadas las limitantes de espacio, no podríamos sino esbozar solo algunas ideas generales sobre estos aspectos. Pretendemos solo que el lector pueda analizar y tener algunos elementos para conformar su propio punto de vista.

Hoy en día, con nuevos datos, se tienen mejores ideas sobre cómo podemos definir a la sociedad teotihuacana en términos de los diferentes elementos de la organización social, política y económica. Para la mayoría de los autores, no cabe duda que Teotihuacán tuvo un régimen estatal integrado por diversas instituciones. En teoría, una sociedad estatal se define a partir de la existencia de clases sociales. La presencia de un régimen estatal es consecuencia directa de la aparición y división de la sociedad en clases sociales. De ahí se entenderá que un Estado como tal, es un producto social cuya función, además, sirve a los intereses de la clase políticamente dominante.

Debemos entender que la separación de la sociedad en clases está vinculada específicamente a la relación que guardan con la propiedad de los medios e instrumentos de producción.

 

Almena que se incrustaba en la parte superior de las techumbres, con atributos de Tláloc portando un elaborado tocado. | © Archivo Instituto Nacional de Antropología e Historia

La Pirámide del Sol como metáfora de la montaña de los mantenimientos, que emergió del mar primigenio por mandato de los dioses. | © OCTL

La característica principal era que la clase dominante aparecía como propietaria de la fuerza de trabajo, en tanto que la clase dominada era propietaria de los medios e instrumentos de producción.

Quienes hemos ahondado e investigado sobre cuál era el sistema social y económico que existió en Teotihuacán, planteamos que debió ser una de las primeras sociedades con clases sociales que existieron en Mesoamérica. La característica principal era que la clase dominante aparecía como propietaria de la fuerza de trabajo, en tanto que la clase dominada era propietaria de los medios e instrumentos de producción. No podríamos explicar en este espacio todo lo que ello implica, sin embargo, podemos decir que cada vez los arqueólogos encuentran más elementos que refuerzan esta hipótesis.

Sobre el sistema de gobierno, definido como el instrumento por medio del cual se establece y guarda el orden social y se ejerce la administración de los recursos, hasta el momento existen dos posiciones distintas. Una postura sugiere que el gobierno era compartido y que había cuatro representantes de diferentes sectores de la ciudad. La principal defensora de esta posición ha sido la Dra. Linda Manzanilla, quien ha establecido que el gobierno de Teotihuacán era de tipo corporativo. La otra postura que prevalece, supone que Teotihuacán era una sociedad de tipo estatal y que habría sido una sola persona en quien recayera todo el poder, es decir, era un gobierno autocrático.

Sobre la economía de Teotihuacán

Indudablemente, la enorme riqueza económica que logró Teotihuacán, se ve reflejada no solo en los grandes basamentos piramidales, sino también en el alto nivel de vida que mantuvieron por mucho tiempo los habitantes de la ciudad. Para la construcción de los grandes basamentos piramidales, se requirió de muchos recursos y una gran cantidad de fuerza de trabajo. Una de las características de las sociedades mesoamericanas es que mantienen altos índices demográficos, lo que de alguna manera implica una gran cantidad de fuerza de trabajo disponible. El Estado teotihuacano habría contado con la capacidad de organización y aprovechamiento eficiente de la fuerza de trabajo, empleándolo en la realización de las grandes obras públicas. A partir de que Teotihuacán se transforma de una sociedad rural a una sociedad urbana, la economía de la ciudad se vio favorecida por la producción de diferentes bienes en los cientos de talleres en la ciudad. La producción estaba destinada no solo a los mercados locales, sino también a abastecer la demanda de productos teotihuacanos en los mercados regionales.

En los talleres urbanos se generaba gran parte de la riqueza económica; otra parte debió proceder de la actividad constructiva, y otra más, de las grandes peregrinaciones que llegaban día con día a Teotihuacán, pues esta gente requería de múltiples servicios.

El control de los yacimientos de obsidiana de Otumba y la Sierra de las Navajas, en el estado de Hidalgo, fue un elemento sin duda importante. La distribución y el comercio a nivel local y regional de los diferentes productos manufacturados en obsidiana tuvieron un impacto mayor en la economía de la ciudad.

La cosmovisión y el culto religioso

La sociedad teotihuacana en su conjunto debió ser profundamente religiosa. Todos los aspectos de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, estaban marcados y estrechamente ligados a las creencias religiosas y a la cosmovisión.

Como en otros pueblos mesoamericanos, existía la creencia de que el universo estaba separado en tres niveles verticales: la región celeste, la tierra y el inframundo. El espacio horizontal se ordenaba y estaba dispuesto hacia los cuatro rumbos (arriba = este, izquierda = norte, derecha = sur y abajo = oeste) y cuatro esquinas. Se concebía el mundo flotando sobre un cuerpo acuoso, soportado por una tortuga. El cielo estaba sostenido por grandes árboles cuyas raíces penetran en el inframundo.

La percepción general de la forma como se concebía y estructuraba el universo, está plasmada y reproducida en lo que fue todo el conjunto urbano, en muchos espacios, conjuntos habitacionales, en objetos y en los rituales que podemos inferir, principalmente en las sepulturas y ofrendas. En cada conjunto habitacional había al menos un templo y uno o varios altares, de manera que podemos imaginar que la religión estaba inmersa en todos los aspectos de la vida. Podemos ver materializado este aspecto en el patrón de distribución espacial de las unidades domésticas más sencillas, pues siempre reproducen la disposición imaginaria del cosmos, quedando al centro de cada patio o plaza donde se ubicaba el altar, el eje vertical que comunicaba los tres niveles, y los cuartos correspondían a las regiones del universo.

Se concebía el mundo flotando sobre un cuerpo acuoso, soportado por una tortuga. El cielo estaba sostenido por grandes árboles cuyas raíces penetran en el inframundo.

Vaso estucado en el que se plasman diferentes elementos de la cosmogonía. En la parte inferior la montaña emerge de un medio acuático. Tláloc, como dueño de las aguas del inframundo, sostiene dos recipientes en cada brazo y el árbol de la montaña florida.  | © Sergio Gómez / Instituto Nacional de Antropología e Historia

La sociedad teotihuacana en su conjunto debió ser profundamente religiosa. Todos los aspectos de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, estaban marcados y estrechamente ligados a las creencias religiosas y a la cosmovisión.

Como en otros pueblos mesoamericanos, existía la creencia de que el universo estaba separado en tres niveles verticales: la región celeste, la tierra y el inframundo. El espacio horizontal se ordenaba y estaba dispuesto hacia los cuatro rumbos (arriba = este, izquierda = norte, derecha = sur y abajo = oeste) y cuatro esquinas. Se concebía el mundo flotando sobre un cuerpo acuoso, soportado por una tortuga. El cielo estaba sostenido por grandes árboles cuyas raíces penetran en el inframundo.

La percepción general de la forma como se concebía y estructuraba el universo, está plasmada y reproducida en lo que fue todo el conjunto urbano, en muchos espacios, conjuntos habitacionales, en objetos y en los rituales que podemos inferir, principalmente en las sepulturas y ofrendas. En cada conjunto habitacional había al menos un templo y uno o varios altares, de manera que podemos imaginar que la religión estaba inmersa en todos los aspectos de la vida. Podemos ver materializado este aspecto en el patrón de distribución espacial de las unidades domésticas más sencillas, pues siempre reproducen la disposición imaginaria del cosmos, quedando al centro de cada patio o plaza donde se ubicaba el altar, el eje vertical que comunicaba los tres niveles, y los cuartos correspondían a las regiones del universo.

El colapso y abandono de Teotihuacán

Siendo una sociedad tan poderosa e influyente en su tiempo y por un amplio territorio, nos preguntamos sobre cuáles habrían sido las causas del colapso y abandono de la ciudad. Estamos de acuerdo con la doctora Linda Manzanilla, quien ha establecido que el colapso de Teotihuacán puede entenderse como la incidencia de múltiples factores. Por nuestra parte hemos planteado la existencia de una serie de condiciones y la incidencia de varios factores que llevaron a que la ciudad estuviera prácticamente abandonada hacia el año 700 d. C.

Consideramos que los  factores que en determinado momento y circunstancias pudieron favorecer el desarrollo, bajo condiciones distintas actuaron en contra del propio sistema, y tienen que ver con las características y contradicciones del sistema social y económico, propio de las primeras sociedades de clase; 1. Escaso desarrollo tecnológico, 2. Altos índices demográficos, 3. Extrema y creciente desigualdad social y, por último, 4. La dependencia económica que estableció Teotihuacán con las comunidades agroartesanales.

Se trata de factores sobre los cuales hay evidencias que dan sustento a la idea del colapso generado por las contradicciones del propio sistema que llevó a Teotihuacán a la cúspide del desarrollo.

EPÍLOGO

En este breve y apretado recuento de algunos aspectos que se conocen de Teotihuacán, se ha vertido la información de muchos años de investigación por parte de diversos autores. De ninguna manera puede considerarse una síntesis completa y tiene como objetivo despertar y motivar el interés en el lector no especializado. Pretende generar preguntas y la reflexión sobre lo que conocemos, y lo que aún falta por saber sobre una de las sociedades más complejas que en el mundo existieron en la antigüedad.

He presentado una relatoría de lo que significa Teotihuacán para la investigación arqueológica, antropológica e histórica; se han esbozado aspectos sobre los orígenes y el desarrollo, las características del conjunto urbano, la presencia foránea y un resumen de los trabajos desarrollados por el autor en la investigación del túnel bajo el Templo de La Serpiente Emplumada, entre otros aspectos aquí esbozados.

Espero que este rápido recorrido por Teotihuacán pueda crear la conciencia necesaria para conservar todo aquello que constituye el patrimonio arqueológico de los mexicanos, pues Teotihuacán es una muestra sublime del poder de la creación humana que debemos preservar.

Murales de Tepantitla, Teotihucan. “El Tlalocan” o “Paraíso de Tlaloc”. | © OCTL

Imagen de portada: © Adobe Stock
Motivos y esgrafiados en el cuerpo del texto: diseño a partir de Manuel Gamio (1922)

Texto: © Sergio Gómez Chávez
Fotografías (salvo mención contraria): © Sergio Gómez Chávez / © INAH
Diseño: OCTL

Para citar este artículo: Gómez Chávez, S. (2023). Tollan-Teotihuacan: el lugar donde comenzó el tiempo. OC:TL, Gran angular, 5. https://octl.mx/tetotihuacan. ISSN: 23959290.

áReferencias Bibliográficas

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Gómez Chávez, Sergio, 2000. La Ventilla. Un barrio de la antigua ciudad de Teotihuacán. Tesis de Licenciatura en Arqueología. México: Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Gómez Chávez, Sergio, 2002. “La presencia del Occidente de México en Teotihuacan. Aproximaciones a la política exterior del Estado teotihuacano”, en Ideología y política a través de materiales, imágenes y símbolos. Memorias de la Primera Mesa Redonda de Teotihuacán, México, INAH. 563-625.

Gómez Chávez, Sergio y Julie Gazzola, 2004. Una propuesta sobre el proceso, factores y condiciones del colapso de Teotihuacan. Dimensión Antropológica, 31, 7–57.

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Sergio Gómez Chávez

Arqueólogo mexicano egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y profesor- investigador en el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Desde 2002 dirige el Proyecto Ciudadela y el proyecto Tlalocan consistente en la exploración del túnel bajo el Templo de La Serpiente Emplumada en Teotihuacán. Ha sido profesor invitado y conferencista de la Universidad de La Sorbona, la Universidad de Harvard, la Universidad de Copenhagen, la Universidad de Aichi, Japón y el Centro David Rokefeller, entre otras.En 2005 recibió el Premio Teotihuacán a la mejor investigación y en 2015 la Academia de Ciencias Sociales de China le otorgó el Field Discovery Award, “Premio al Mayor Descubrimiento Arqueológico del Mundo”.